Reseña: Africaníssimo: Aproximación multidisciplinar a las culturas negroafricanas -Olga Barrios ed.

Verbum, Madrid, 2009
378 pags., 15€

Kuma

untitledAfricaníssimo agrupa una quincena de capítulos firmados por autores peninsulares y africanos, así como una pieza teatral a modo de broche. La edición corre al cuidado de Olga Barrios (para mayor conocimiento de los autores, se anexa apartado con su correspondiente nota biográfica), que además de la introducción, contribuye con otros dos trabajos. Habida cuenta la heterogeneidad temática que vertebra Africaníssimo, el público destinatario comprende un espectro dilatado. Así por ejemplo, será útil para profanos interesados en acometer un primer bautismo en el continente negro, gracias a capítulos divulgativos como “Visión general de la historia de África”, o “Mujeres y niños en los conflictos armados”, síntesis donde la editora, bebiendo de un puñado de informes, pasa revista a las consecuencias de la guerra sobre la población más vulnerable. De paso nos recuerda que cuando zumba la voz de conflicto, nunca está de más hacer hincapié en la siempre silenciada y olvidadiza mortalidad provocada por las armas ligeras (el kalashnikov o AK-47 como mascarón de proa), mucho más elevada que las pesadas dada una ubicuidad comparable a la omnipresencia del teléfono móvil.
Al margen de las prescripciones para el lector bisoño o avanzado, algunos capítulos revisten sumo interés, debido sobre todo a su discreto paso por la historia, como el dedicado al papel de los afroamericanos en la guerra civil española. Adscrito a las Brigadas Internacionales, no fue un grupo nutrido (entre 70 y 200 voluntarios según la fuente) pero la razón que guió su compromiso con el bando republicano fue a todas luces excelsa: el levantamiento franquista respondía a la misma tiranía practicada en territorio americano con la segregación, o en el Cuerno de África con los excesos de Mussolini, sólo que oculto tras otra máscara multicolor. Al mismo tiempo, conviene confesar que mientras nos sumergimos en el texto de Daniel Pastor, apremia una aclaración contundente acerca de los 30.000 marroquíes que combatieron bajo el mando de Franco, y cómo encajar que este contingente procedía a la sazón de un pueblo oprimido por el protectorado español. Y, en efecto, la aclaración no se hace esperar. Resulta que esta ironía del destino ya fue analizada en su momento de forma convincente por el periodista Langston Hugues, corresponsal del Baltimore Afroamerican. Pero no la contaremos aquí, sino que concederemos al lector el placer de la primicia. Eso sí, sin traicionar a nadie, reproducimos la sentencia que Pastor pone como guinda a su estudio: “La participación afroamericana en la guerra civil española constituyó sin duda uno de los momentos más importantes aunque menos conocidos en la historia de la solidaridad internacional”.
Otro capítulo que abunda en la relación entre africanos y españoles, y que a la par ha recibido poca atención por la historiografía es “La literatura africana de expresión castellana”. Es verdad que esta literatura no presume de una producción abundante ni de títulos celebérrimos, aunque con las existencias disponibles basta para componer una panorámica aproximada, acorde con su impuesta juventud. Así, debemos mencionar el nombre de Donato Ndongo-Bidyogo, artífice de una trilogía en la que el título Las tinieblas de tu memoria negra, ha sido objeto de numerosos estudios. No sólo esta trilogía, sino la obra completa de Ndongo-Bidyogo, según sus propias declaraciones, ha girado en torno a la búsqueda de la identidad. Es sabido que ello es cosa común en los países que han sufrido el yugo colonial. Como lo es también la postura situada en el otro extremo de la panorámica. En Una lanza por el baobí, Daniel Jones Mathama alaba las virtudes del estado colonial. Entre medio, todo un desfile de obras de calado disímil, como en toda literatura que se preste, y algo de poesía.
Inclinando el debate hacia aspectos de índole social, brilla en Africaníssimo el trabajo de Mbuyi Kabunda Badi sobre derechos humanos, en el que aboga por una revisión de la Carta Africana, también llamada Carta de Banjul. Con sobrados argumentos y el tiempo como garante irrefutable de la falibilidad de la Carta, Kabunda edifica un aparato crítico para desmenuzar sus puntos más débiles: “Pero, lo que más llama la atención en esta Carta, sobre todo para los observadores externos y los defensores de la concepción universal de los derechos humanos, es su énfasis en los derechos colectivos o de los pueblos y de los Estados junto a los deberes individuales, máxime cuando en África es el Estado el principal violador de los derechos humanos (…)”. A pesar de todo, Kabunda admite que la Carta Africana contiene elementos positivos, y que éstos tenderán a consolidarse con el normal ejercicio del Tribunal Africano y su pertinente competencia para imponer sanciones.
A mi modo de ver, de la disparidad de asuntos que transitan por Africaníssimo (teatro, danza, esclavitud, etc.), el bloque que ahonda en las literaturas africanas atesora la conclusión más relevante, a saber: mientras los escritores africanos han esgrimido la novela como instrumento de denuncia política contra el colonialismo y el poscolonialismo, las escritoras, cuyas novelas han visto la luz más tardíamente, abordan el machismo, las relaciones conyugales, la maternidad o la lacra de su ausencia (Buchi Emecheta, Chimamanda Ngozi Adichie, etc.), es decir, ponen el acento en aspectos de la esfera privada que, dicho sea de paso, pueden desarrollarse en paralelo a la búsqueda de la libertad individual e institucional. La mera existencia de una literatura que supera el trauma de la dominación y aborda la complejidad de la naturaleza humana es, cuando menos, signo de normalidad. Una normalidad que ya circula por la mente de los africanos y que debe también circular por la mente de Occidente que, al parecer, se está quedando rezagada en ese proceso de descolonización del pensamiento decimonónico en cuanto a imperios se refiere.
Una cita procedente del ensayo de Irene Pagola sobre el papel determinante del traductor, extractada a su vez de un libro sobre estudios de género de Sherry Simon, sintetiza y mejora lo dicho, y vale sobre todo como recomendación final para Africaníssimo. “Para ser éticos […] debemos convertir al otro en alguien similar a nosotros. Esto se denomina universalismo humanístico: nuestras obligaciones morales se construyen sobre una semejanza fundamental entre los seres humanos. (…)”.

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