Entrevista a Boubacar Boris Diop a propósito de su libro ‘África más allá del espejo’

Dídac P. Lagarriga

En “África más allá del espejo” afirmas que la literatura africana de expresión francesa probablemente sea sólo una breve etapa de transición dentro de una trayectoria histórica más compleja. En tu caso, has publicado tanto en wolof como en francés…


No veo que la literatura africana tenga ningún futuro si pretende desarrollarse al margen de nuestras lenguas. Es hacia aquí donde poco a poco vamos tendiendo desde hace algunos años, un trayecto lento pero seguro. Esta nueva dinámica, compleja y en ocasiones dolorosa, permitirá en breve entender que nuestros textos actuales en inglés y francés no son más que, en palabras de Cheikh Anta Diop, una simple literatura de transición. Esto significa que la novela y la poesía de expresión francesa habrán correspondido, en nuestro trayecto histórico, a una etapa de fracaso y de pérdida de referencias.
Pero hoy en día, son los propios hechos los que nos obligan a reanudar el trabajo con el pulaar y el wolof (por sólo citar dos ejemplos), tanto en nuestros colegios como en la creación literaria. Y el primero de estos hechos es la supervivencia de las lenguas, su sorprendente vitalidad a pesar de las violentas agresiones del sistema colonial. En el fondo, el único medio de hacer desaparecer los idiomas africanos fue la escolarización universal. Pero Francia no disponía de los medios, ni quizá de la voluntad política, y reservó su idioma para la élite colonizada, esperando que esta ya la pasaría al resto de la sociedad.
Sin embargo, asistimos a todo lo contrario: el francés está claramente en retroceso, y actualmente afirmar que Senegal es un país francófono es vivir en el mundo de los deseos. Si resumimos fríamente la situación, veremos que hemos perdido en los dos campos de batalla, ya que por un lado se dificultó el progreso de nuestras lenguas maternas hacia la escritura y, además, el francés nos permaneció inaccesible. Por eso los jóvenes senegaleses no dominan ni su lengua materna ni la de Molière.
En cierto modo somos un pueblo “semilingüe”, para utilizar un concepto recientemente creado por los especialistas. En realidad, no es nada más que otra forma de analfabetismo. ¿Qué podemos hacer antes esto? Podemos intentar salir por la puerta trasera y crear, como el escritor marfileño Ahmadou Kourouma, un francés de África o, al contrario, favorecer el desarrollo de nuestros idiomas autóctonos. Creo que esta segunda opción es de sentido común y completamente digna. Se trata en efecto de incluir en el ámbito del saber y de la creación literaria la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Y como novelista, conozco bien que sólo el wolof me permite expresar en profundidad determinadas emociones.

También tratas cuestiones muy diversas, pero constantemente regresas al tema de la sumisión de los nuevos poderes políticos a los intereses extranjeros.

Por todos lados escuchamos que las independencias fueron un desastre para África, pero no es cierto. El desastre vino por todo lo contrario: ¡por la falta de independencia! La República Democrática del Congo no estaría hoy en día en esta situación si su soberanía tuviera el rostro de Lumumba y no el de Mobutu. Es el neocolonialismo quien ha sembrado la desgracia en el continente a partir de 1960. No podemos analizar la situación de un país determinado pasando por alto este hecho político esencial. En lo que a nosotros nos concierne, como senegaleses, hemos vivido un neocolonialismo a la francesa. Se trata de la “Françafrique” y la palabra, establecida por el intelectual francés François-Xavier Verschave, ya ha pasado al lenguaje de la calle.

Precisamente uno de los capítulos del libro fue censurado en Francia. ¿Cuál fue el problema?

Sí, te refieres a la introducción que escribí para el libro de Yolande Mukagasana, Les blessures du silence. Fue censurada en Francia porque en ella mencionaba el papel de Mitterrand en el genocidio de los tutsis en Ruanda. El editor de Actes Sud le dijo a la autora: “O quitamos la introducción o no publicamos el libro”. En esa época, muy pocos franceses aceptaban un episodio tan vergonzoso de su historia. La gente decía: “¡Ah! ¡Estos africanos, siempre con lo mismo! Se matan entre ellos y después culpan a los blancos”. Hoy en día casi nadie se atreve a proferir estas obscenidades, ya que, tras más de una década, se van acumulando las pruebas que demuestran la implicación de Francia en el genocidio de los tutsis. Actualmente son los propios intelectuales franceses que acusan a su país. Estoy convencido de que este movimiento se irá ampliando.

También realizas una mirada autocrítica y tratas la indiferencia con la que los africanos acogieron el genocidio.

Con frecuencia me ausento de Senegal por mis actividades literarias. Sin embargo, opino sobre la situación de mi país a través de entrevistas y de artículos en la prensa. Mirar a África más allá del espejo significa evaluar seriamente, por y para nosotros mismos, nuestro comportamiento. No debemos dudar en preguntarnos cuestiones incómodas, como esta: ¿por qué, a pesar de la famosa solidaridad africana, fuimos tan indiferentes a lo que ocurría en Ruanda en ese 1994? Dicho esto, también debemos evitar considerar a África como un inmenso pueblo donde todos los fenómenos políticos y sociales pueden leerse de la misma manera. Es básico entender que no existe una respuesta única a los interrogantes suscitados por un continente tan grande y compartimentado.
En cierto sentido, tendemos a ser lo que los medios de comunicación dicen que somos, y esto es un verdadero peligro. Vivir constantemente en la imitación o el odio al otro, es todavía una forma de menospreciarse a sí mismo. Es muy urgente poder escapar de este espejo perverso, con la mirada deformadora de Occidente y donde sólo África continua siendo la víctima.

Has participado en el Foro Social Mundial y eres miembro del Foro Social Africano. ¿El altermundialismo ofrece respuestas a esta crisis económica y social que sufre África?

Me adherí al Foro Social Africano y a través de este participé en las reuniones de Bamako, Porto Alegre y Addis-Abeba. Posteriormente me alejé un poco del movimiento para poder dedicarle más tiempo a la escritura, pero continuo convencido de que el trabajo que se ha hecho en estos foros, especialmente gracias a Aminata Dramane Traoré, es fundamental. Hoy en día es uno de los lugares donde existe más coraje y clarividencia en torno a las cuestiones cruciales de la deuda, el intercambio desigual y, de forma más general, nuestra relación con Occidente.
De todos modos, me parece importante sacar conclusiones del fracaso de un determinado tercermundismo que se desarrolló durante la Guerra Fría. Las élites intelectuales africanas aceptaron con los ojos cerrados un marxismo primario y dogmático. Pero cuando cayó el muro de Berlín en 1989, todo ese mundo quedó perplejo y vimos que el marxismo, en el fondo, sólo era una expresión de la racionalidad occidental, con la misma pretensión universal, y que no merecía la pena que lanzáramos por la borda todo nuestro legado cultural y nuestra memoria. Este error debe ayudarnos a trabajar con el altermunidalismo. Quizá cuesta admitirlo, pero incluso en este mismo combate hay un momento donde, de forma muy evidente, nuestros caminos y el de otros se separan.

¿Piensas que asistimos a un cuestionamiento de los valores occidentales como el único fin para la población mundial?

Aimé Césaire dijo hace ya algunos años que si Occidente no vigilaba, algún día ya no sabría a quién dirigirse. Tengo la impresión de que nos encontramos en este punto. Los occidentales no dejan de gritar, de amenazar a sus enemigos, pero nadie les toma en serio, ni en Irak, ni en Corea del Norte, ni en Sudán y ni mucho menos en Birmania. El resultado es que su parcialidad y su egoísmo le impiden cualquier autoridad moral y parece que estamos ante el principio del fin.

¿Cómo un senegalés vive el cierre de las fronteras europeas, el endurecimiento de las políticas migratorias, las repatriaciones, la criminalización de los sin-papeles y la creación de los nuevos campos de concentración, llamados Centros de Internamiento para Extranjeros?

El continente que ha permanecido menos “tranquilo” en el curso de la historia de la humanidad es Europa. Basta mirar un mapa para entenderlo: de Brasil a México, de Australia a Canadá, pasando por Estados Unidos, se ha apropiado por la fuerza de territorios inmensos y ha destruido con extrema crueldad las poblaciones autóctonas. En África, Europa no se instaló (salvo en algunas partes), pero sembró las semillas del caos a través de la esclavitud y el colonialismo.
Y a principios del siglo pasado, españoles, italianos, yugoslavos, griegos, portugueses y suizos huían de la guerra y de las dificultades para rehacer su vida en los países vecinos o en América. Entonces, ¿por qué Europa tiene tan poca memoria? Si los jóvenes iraquíes, argelinos o senegaleses pudieran tener una vida decente en sus países, no desafiarían mil y un peligros para emigrar a Barcelona o donde sea.
Los dirigentes de los países de la emigración, en África, en Latinoamérica o en Asia, son los primeros responsables de esta situación, pues se trata de verdaderos depredadores. Sin embargo, no debemos olvidar que expolian sus países en total complicidad con las multinacionales y con todos esos políticos europeos que, con su perfecta hipocresía, afirman: “¡Los inmigrantes nos invaden, cerremos las fronteras!”. Muchos jóvenes de Mali, por ejemplo, se vieron en el paro cuando la industria del algodón desapareció, pues los países occidentales, que subvencionan sus productores de algodón, prohíben a su vez que el gobierno de Mali haga lo mismo.
La competencia es sólo aparente, las fábricas textiles cierran y miles de jóvenes se encuentran en la calle de un día para otro… ¿Qué quieren que hagan? Menos egoísmo y un orden internacional más justo sería un buen inicio para las soluciones a un fenómeno global, que se traduce en Ceuta, Melilla o Lampedusa por vergonzosas tragedias individuales. Las medidas que se toman para engañar a los electores siembran el odio en los corazones y son absolutamente ineficaces.

¿Te definirías como un escritor optimista?
Creo que es estéril establecer el debate sobre África entre optimistas y pesimistas. En África, como en el resto del planeta, encontramos lo mejor y lo peor. Mis novelas no describen un continente idílico, ni mucho menos. Intento mostrar las dos caras de la moneda sin dejar entender, como algunos autores, que nuestros fracasos son una fatalidad racial y que tenemos, por encima de otros continentes, una cultura de la violencia extrema. Hay que ser completamente idiota para afirmar que nuestro mundo es un remanso de paz y que sólo África perturba esta armonía universal.

¿Qué queda actualmente del afropesimismo?

Veinte años después ya no queda nada. La palabra ha sobrevivido, vacía de cualquier significado, y sólo te remite a un determinado estado de ánimo. Autores como Kabou y Etounga-Manguelle probablemente fueron valientes, pero releer sus escritos hoy en día es una experiencia muy curiosa: esos ensayos, perentorios, son tan débiles y precipitados que sorprende que se les hubiera tomado en serio cuando aparecieron en 1991. ¿Qué puede significar un análisis de África que amputa al continente de toda su parte septentrional? Al adoptar una aproximación así, esos autores promovieron una lectura racial de los procesos políticos y económicos muy complejos.
Con esto quiero decir que la llamada “África subsahariana” se encuentra muy lejos de ser un conjunto homogéneo. Fijémonos en mi ejemplo. Soy “senegalés”. ¿Esto significa algo? Mi historia personal, y mi relación con los demás serían muy diferentes si hubiera nacido en el Congo, en Mozambique, en Burundi o en Burkina Faso. Hacer de mí un “africano” perdido en una masa indiferenciada niega mi experiencia individual y colectiva (como las guerras, los grandes movimientos migratorios, las catástrofes naturales o las tragedias como la esclavitud y la colonización, o incluso los grandes acontecimientos deportivos) que han terminado por constituir, en el dolor, la felicidad o la incertidumbre, la nación senegalesa.
Por su visión antihistórica, el afropesimismo ha legitimado una confusión crónica sobre el continente africano, con frecuencia considerado como un único y mismo país. Lo más extraño es que este tipo de argumentos parecen reservados a África. A nadie se le ocurrirá pedir cuentas al gobierno de Delhi de lo que ocurre en Pakistán y a la inversa. No he escogido este ejemplo por casualidad: India y Pakistán formaban un “único y mismo país” hasta 1948. De igual modo, ¿quién se atrevería a mezclar las situaciones políticas de Chechenia e Italia, o confundir Hungría con Suecia o Francia?
Esta generalización abusiva tienen unos efectos perversos: África es sinónimo de fracaso, y los Estados que se esfuerzan por resolver sus problemas económicos y sociales nunca se les toma en serio. Generaciones enteras crecen con la idea de que su destino ha sido totalmente escrito antes de nacer, que no sirve de nada luchar para cambiar su existencia y que la caridad internacional es la única opción concebible. También reprocho al afropesimismo que juzgar y condenar a África tras sólo treinta años de independencia (tras siglos de un contacto destructor con Europa) es, con mucho, prematuro.
Esta especia de auto-racismo ha sido utilizado por los negrófobos de toda índole que citan a estos autores para validar sus prejuicios raciales. Estos pseudo-teóricos son, en parte, responsables de que África se vea como el lugar del despropósito político, ese “paraíso natural de la crueldad”, para retomar las declaraciones de Stephen Smith. Hemos visto los efectos trágicos de esta forma de “pensar” durante el genocidio de los tutsis en Ruanda: la comunidad internacional se mostró incapaz de medir el drama debido a su concepción de que los negros se matan entre ellos sin motivo, como de costumbre.

Otro de tus objetivos en África más allá del espejo son las élites políticas e intelectuales africanas…

Para mí es básico terminar con la confusión entre las élites y el resto de la población africana. Es la mejor manera de no dar un contenido racial a un debate esencialmente político. Los países africanos se encuentran en el ojo del huracán por culpa de un liderazgo desfallecido, cuando no directamente favorable a los intereses extranjeros. ¿Los españoles aceptarían que se les tuviera por responsables colectivos del franquismo? El fascismo les cayó encima como una enfermedad y continuaron con un sentimiento de impotencia. Del mismo modo, en 1961, el Congo se encontraba en un cruce de caminos. Ese país podía encaminarse a la independencia con Mobutu o con Lumumba. Hacía una gran diferencia verse dirigidos por uno u otro. Pues bien, los belgas y la CIA asesinaron a Lumumba e instalaron su agente en el poder. El resultado era previsible y resulta muy extraño que se permita identificar al pueblo congoleño con el fantoche sanguinario que se les impuso.

En otro de los capítulos, dedicado a la literatura africana, afirmas que el campo literario del continente, desprovisto de la relación epistolar entre escritores, de diarios íntimos, de memorias y de ensayos o confesiones, se reduce prácticamente a los textos de ficción. En tu caso, este ensayo, que es el primero que escribes, aparece tras la publicación de varias novelas. ¿Cómo has cruzado el umbral que separa ambos géneros?

En algunas partes del mundo, resulta complicado considerar la literatura como un simple pasatiempo. Si provienes, como yo, de un contexto desfavorecido, rápidamente te sientes empujado a escribir para luchar contra las desigualdades sociales, a veces terriblemente humillantes. Pero poco a poco te das cuenta hasta qué punto es inocente pretender cambiar el mundo a través de la ficción. Con una presión política tan fuerte, debes intervenir de una forma más directa en la prensa o en conferencias públicas.
Con el propio Verschave y Odile Tobner escribimos Négrophobie. Se trataba de una reacción concreta a un libro racista y revisionista del periodista francés Stephen Smith (y que desgraciadamente había tenido, es importante subrayarlo, un enorme e inquietante éxito en Francia). Más tarde mi respuesta al discurso absurdo de Sarkozy en Dakar, en julio del 2007, se convirtió en uno de los veintitrés capítulos de de L’Afrique répond à Sarkozy. Todos mis artículos sobre Ruanda fueron escritos con la misma voluntad de permanecer coherente con lo que pensaba y estaba sucediendo. Actualmente alterno ambos géneros, aunque en el fondo continuo siendo un novelista.

Senegal es un país fuertemente religioso y África es un continente donde la religión todavía es esencial para la mayoría de la población. Sin embargo, en tu libro no mencionas esta cuestión en ningún momento…

Para un intelectual senegalés es normal no centrarse en la cuestión religiosa. Nuestro país tiene muchos problemas, pero este lo ha sabido resolver. Senegal, un país con el 95% de población musulmana, ha estado presidido durante veinte años por el católico Senghor, y esto nunca molestó a nadie.
Piensa en algunos países ricos y verás que en asuntos de tolerancia política y religiosa, nosotros estamos muy por delante. Recordemos todas las miserias hechas en torno a Obama “acusado” de ser musulmán. Todavía ahora algunos de sus enemigos insisten en su “middle name” Hussein, ¡como si el simple hecho de llamarse así fuera un crimen abominable! Y tampoco será mañana que España o cualquier otro país europeo tendrá como presidente a un musulmán. En este terreno, no tienen que darnos lecciones.

¿Crees que tus escritos y reflexiones inciden en la mayoría de la población senegalesa? En otras palabras, ¿piensas que tus escritos son útiles?

No busco un resultado inmediato en mis textos, pues eso no sería nada realista. En todo caso, podemos esperar una acción en profundidad, a largo plazo. No me fío del ruido mediático. En Senegal decimos que los árboles que se desmoronan en el bosque hacen mucho ruido, mientras que los granos germinando bajo tierra crecen en el más absoluto silencio.

“África más allá del espejo” está editado por oozebap, Barcelona, 2009.
Más información en la web de oozebap

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: