Reseña: Exposición ‘L’un i el multiple’ en La Capella (Barcelona)

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Manuel Manrique Gil*


A menudo, y como otros muchos aspectos del mundo actual, el mundo del arte contemporáneo parece estar en un cierto estado de confusión – o al menos eso nos parece a aquellos, como el que escribe, que si bien familiarizados con éste, no conocemos todos sus detalles. Por esto es más que notable cuando uno sale de una exposición pensativo, pero con las ideas más claras acerca de qué es lo importante. Este es el caso de la exposición “L’un i el multiple” (“El uno y el múltiple”) que ha podido verse en La Capella de l’Antic de la Santa Creu (Barcelona) y que es producto de la colaboración entre siete instituciones diferentes – cuatro de ellas egipcias (CIC, Townhouse, Artellewa y Medrar) y tres españolas (Hangar, LABoral y CAN Farrera). En la exposición puede ver se el trabajo de once artistas egipcios y españoles, todos participantes de los programas de intercambios, talleres y residencias organizados por estas instituciones entre 2008 y 2009. El hecho de que este sea el único punto en común tiene un importante peligro, como señala el comisario y director Hangar, Pedro Soler: “que la exposición acabe siendo un potpurrí en el que cada pieza no tienen nada que ver con las otras”. Dada la existencia de este riesgo, y teniendo en cuenta que no había ningún otro requerimiento para los artistas más allá del altamente exigente proceso de selección de las obras, es admirable el grado de coherencia de la exposición, al tiempo que lo que se muestra no es algo uniforme. En este sentido, el título de exposición no podía ser más apropiado: tenemos “el uno” – el campo donde se mueven los artistas contemporáneos – y tenemos “el múltiple” – una variedad de artistas (y medios) buscando expresar su individualidad.
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Lecture in theory – Shady El Noshokaty
¿Cómo se puede pues reconciliar estas aparentemente contradictorias características de unidad y pluralidad, de manera que podamos avanzar más allá de simplemente decir que es todo arte contemporáneo, y que además nos ayude a navegar por la muestra? Mi respuesta personal a esto sería el tomar esta exposición como un mapa o – utilizando una palabra más sofisticada y que apareció en varias de las conversaciones con el comisario y los artistas – una cartografía. Una cartografía del arte contemporáneo compuesta de puntos (representando cada uno lugares geográficos, artistas individuales, u obras) así como líneas que unen estos puntos (conexiones personales, un programa de residencia, memorias colectivas, historias, etc.). Cuando se mira detalladamente sin embargo, la unidad de este mapa, comienza a hacerse borrosa y a desaparecer, cambiando su significado y disolviéndose en unidades más pequeñas. Esta es, además una cartografía plural: primero, funciona como una representación para el espectador de parte del mundo del arte contemporáneo (en este caso del espacio mediterráneo) pero también sirve como punto de referencia para que los artistas se sitúen en sus diferentes contextos. Esto, explica Soler, es posiblemente un resultado del programa de residencias e intercambios; experiencias que han hecho que lo que se muestra en La Capella “no sea tanto una expresión del interior de los artistas, sino una herramienta orientada para construir u puente entre el interior y el exterior…una herramienta para el análisis y la representación del contexto”.
“L’un i el multiple” sin embargo hace referencia no sólo a la unidad del mundo del arte contemporáneo, sino también a la unidad del Mediterráneo. Una unidad que, como en el mundo del arte, se multiplica y divide, pero no en líneas nacionales o en una distinción entre Oriente y Occidente. Soler dice: “en el mundo del arte contemporáneo, las lecturas nacionales no funcionan…La nacionalidad de un artista no te permite adivinar que tipo de arte hará”. Además dice Soler, sólo ahora “comenzamos a deshacernos de un Orientalismo que muy frustrante”, ya que los artistas suelen ser invitados por ser egipcios, o del Oriente Próximo, viendo así como “sus posibilidades profesionales están hasta cierto punto limitadas por su condición de objeto exótico para Occidente.” Algo que se ha evitado con éxito en esta exposición, en la que tanto los artistas españoles como egipcios son presentados simplemente como individuos pertenecientes al mundo del arte contemporáneo.
Esta opinión también la comparte Shady El Noshokaty, un importante artista egipcio cuyos últimos trabajos (una performance y un vídeo) pueden verse en La Capella y forman parte de un proyecto personal más amplio – “Stammer” (Tartamudeo) – en el que el artista explora “qué hay dentro y qué hay fuera, el cuerpo y la mente…como se encuentran y como, a veces, chocan – el momento en el que se produce el tartamudeo”. Para Noshokaty, profesor de Artes Visuales en la Facultad de Enseñanzas de Arte (El Cairo) y en la Universidad Americana de El Cairo, “el arte contemporáneo viene de la cultura contemporánea…Así cuando trabajas en el mundo del arte contemporáneo en Egipto, estás trabajando sobre la cultura global, no la egipcia”. Noshokaty ve pues una clara división entre los artistas que se mueven dentro del mundo del arte, y la mayoría de la población egipcia, cuya cultura se sustenta más sobre la tradición local. Esta “doble imagen de modernidad y tradición en la cultura egipcia llega a todos los niveles. Incluso la gente joven, con acceso a la última tecnología e información viven aún en una sociedad tradicional, donde aspectos como la religión tienen aún una gran importancia.” Esto obviamente, no es algo único de Egipto pero al compararlo, por ejemplo, con España, Noshokaty dice que “mientras que aquí es todavía difícil para la gente el entrar a una exposición de arte contemporáneo y comprenderla, hay un mayor nivel de aceptación – quizá un resultado de las condiciones de vida. Aquí existe la opción de ser más paciente, algo imposible cuando estás preocupado y presionado por los problemas del día a día.”
La unidad de la cultura y del arte contemporáneo del que Noshikaty habla puede verse claramente en esta exposición, por ejemplo en los medios utilizados por los artistas. En la exposición no hay ni pintura ni escultura; algo que Soler dice, no es intencionado: “no existían requerimientos ni recomendaciones”, ni en los temas ni en los medios utilizados. De hecho, los medios empleados por los artistas van de lo más tradicional – bordado – a lo más moderno – video-arte e instalaciones interactivas – pasando por los “experimentos fotográficos” de Tarek Hefny con los que “explora un método alterativo para entender los lugares a nuestro alrededor, utilizando las fachadas de los edificios”.
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Invisible presence (Presencia Invisible)- Magdi Mostafa
Una segunda manera en la que la unidad Mediterránea es explorada y enfatizada en esta exposición es mediante el descubrimiento y exploración de las conexiones que existen entre los distintos países y pueblos. Esto se ve de forma más clara en el trabajo de Magdi Mostafa: “una instalación interactiva de luz y sonido creada originariamente para el museo Mawlawiya en el barrio de Hilmia en El Cairo” y que ahora ha sido transportada a La Capella en Barcelona, produciendo así “combinaciones emocionales” que nos lleva a preguntarnos acerca de las conexiones existentes entre ambas orillas del Mediterráneo, acerca de las características de obras de arte diseñadas con un sitio específico en mente, y sobre el potencial de los sonidos en determinados espacios. Todo esto sin embargo no implica que las fronteras nacionales y políticas hayan desparecido. De hecho, su importancia está presente en la exposición a través de la obra de Pablo de Soto “De El Cairo a Gaza”, en la que se documenta la experiencia del artista en Egipto durante las semanas de la operación militar israelí “Plomo Fundido” a finales de 2008. De Soto se hallaba en Egipto trabajando en una cartografía de los túneles que unen Gaza y Egipto, cuando fue sorprendido por la operación militar y se involucró con la asociaciones de la sociedad civil que intentaban romper el bloqueo egipcio y organizar manifestaciones de solidaridad.
Además de la geografía del mar Mediterráneo, sus ciudades e historias, algunas de las cartografías creadas por estos artistas tratan de unir, no lugares físicos, sino históricos y sociales. Por ejemplo el proyecto de Vahida Ramujkic, Aviv Kruglanski Albino y Rania “Weave & Construct”, el cual los ha llevado a El Cairo, Bristol, el Barrio Gótico de Barcelona (con Les Cruilles) y, más recientemente, Bon Pastor. Mediante la “técnica del bordado documental en tiempo real” desarrollada en este proyecto, los artistas exploran la representación de la realidad, así como las historias, significados y narrativas sociales que se crean alrededor de una actividad tan lenta y cuidadosa como es el bordado. Estos mapas pues sirven como una manera de conocer los alrededores así como adentrarse en áreas nuevas o poco exploradas. Este es el caso también en el proyecto de Alvaro Sau “Las Afueras”, que le llevó a residir en El Cairo. Una vez allí sin embargo, se mudó rápidamente a los alrededores de la ciudad. El movimiento de Sau pues, no es sólo a la periferia europea (en términos globales) sino a la periferia de las ciudades (en este caso a un monasterio) – en las cuales Sau hace una pausa para observar el medio en el que los habitantes viven y trabajan, todo ello en un contexto completamente distinto a la experiencia diaria del artista.
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Farid – Alvaro Sau
Esta exploración de la periferia y los alrededores es particularmente interesante, y en diversos momentos de la exposición se nos recuerda que es precisamente aquí donde muchos artistas viven, trabajan y desde donde lanzan su mensaje. Uno de estos artistas de la periferia es Hamdy Reda, director de Artellewa, el primer espacio de arte alternativo en EL Cairo. Reda habla de la necesidad de estos espacios alternativos, dado que a menudo los únicos espacios dedicados al arte(istas) son “galerías gubernamentales o privadas, ambas en el centro de la ciudad.” Cuando organizó Artellewa, Reda no sólo buscaba crear un espacio para los artistas libre de las imposiciones del mercado o del gobierno, sino también que el espacio “actuara como un puente entre distintos niveles: la gente de la calle, artistas egipcios y extranjeros, nuevas promesas y nombres consagrados…así como el promover la comunicación…entre artistas, entre las escenas artísticas de diferentes países, así como entre los artistas y su audiencia, la sociedad”.
El último punto que podemos hacer pues – un punto que quizá debiera haber sido el primero – es que cuando se visita una exposición de arte contemporáneo, como cuando se lee un mapa, es esencial conocer su lenguaje. Este lenguaje, Nosokaty cree, es un aspecto tan crucial como difícil: “es necesario para comprender como las cosas se juntan y crean arte. Este es un lenguaje con su gramática. Una gramática que cambia con los medios y las ideas”. Por este motivo, la educación, y en especial la teoría del arte, es crucial ya que es lo que nos permite estudiar “la gramática de los lenguajes artísticos; leguajes que varían en sus detalles, pero que han sido elaborados durante un proceso más o menos largo”. Esta educación es particularmente importante para los artistas y aquellos que forman parte del mundo del arte contemporáneo, pero no puede limitarse a estos grupos si el mundo del arte quiere llegar a más gente, comunicarse y construir los puentes de los que habla Reda. Es por lo tanto admirable, como he mencionado al comienzo de esta reseña, que “L’un i el multiple” pueda funcionar como un paso importante hacia el aprendizaje y el entendimiento de esta gramática. El visitante sale de la exposición con la sensación de que efectivamente existen un número de continuidades, un cierto grado de unidad dentro del mundo del arte contemporáneo – la sensación de que estos artistas efectivamente hablan un mismo idioma. Pero el visitante además sale con algunas notas acerca de los conceptos y normas que constituyen este idioma – por ejemplo cómo los artistas exploran sus alrededores, los medios preferidos para hacerlo, importantes debates acerca de la política y la historia del Mediterráneo…Salimos pues de La Capella sabiendo un poco más acerca de cómo los artistas contemporáneos están escribiendo su libro de gramática y usándolo para conectar con sus alrededores y con la audiencia.
*Manuel Manrique Gil es miembro del equipo de redacción de Africaneando.

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