Recordando a Ken

Temie Giwa*
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“Aquel que se ha ido, pero del que celebramos su recuerdo, tiene una influencia en nosotros, más potente, no, más presente, que un hobre vivo” – Antoine de Saint-Exupéry

Cuando tenía 8 años vi una ejecución pública en televisión. No estoy del todo seguro de dónde estaban mis padres, o lo que estaban haciendo en aquel momento, o de si la ejecución era real o recreada. Era el cuarto de cuatro hermanos y a mis hermanos, mucho mayores, yo no les gustaba mucho, sobre todo por mis muy lucrativos chantajes. Los tres creían necesario que viese algo terrible. Su amenaza de volverlo a repetir era una moneda de cambio para disminuir mi poder. No comprendí exactamente lo que estaba viendo, pero aún así estaba fascinado. Vi como ataron a los hombres a los tambores gigantes y el horror de los disparos y una María negra llorando me mantuvo cautivo durante un largo rato. Fue el nacimiento de una fobia terrible, una que me ha tenido en su poder y ha dictado mis convicciones políticas incluso de adulto. Estoy afiliado al partido demócrata en los EEUU, en gran parte por el sentimiento anti-pena capital de este partido.
Supe de la naturaleza de la muerte de Ken Saro Wiwa en mi pequeña clase de “Economía política de los recursos naturales” en la escuela de postgrado hace dos años. Sabía de Ken Saro Wiwa y su movimiento y había sido mi héroe desde mucho antes, pero no sabía los detalles de cómo había muerto. El profesor comenzó la clase y no me sorprendí cuando los compañeros de clase se volvieron hacia mí como sucede inevitablemente cada vez que “África” aparece. Desafortunadamente, en esta ocasión, no había oído nada de cómo había muerto o del especial horror que invocaría. Me afectó de manera profunda y tuve que excusarme de la clase. Un día después escribí mi primer poema.
En 1950 se descubrió petróleo en el Delta del Níger. Las prospecciones que llevarían al nacimiento y maduración de la mayor destrucción medioambiental comenzaron justo después. Años antes del evento que le costaría la vida, en Octubre de 1941, nació Ken Saro Wiwa. Era el hijo mayor de Jim Wiwa, un jefe Ogoni que vivía en la ciudad de Bori, ahora en Estado de Rivers. La increíble inteligencia de Ken le llevó hasta las clases de la Universidad de Ibadán, donde estudió Literatura y destacó como una de las más brillantes mentes que Nigeria ha producido. Tras su graduación ocupó un puesto de funcionario en el puerto de Bonny, uno de los mayores del Delta del Níger. Su verdadera educación comenzó poco después. Curiosamente, apoyó al Gobierno de Nigeria durante la guerra civil y aunque estaba opuesto a la causa de Biafra, aborrecía la guerra más que nada. Escribió sobre este sentimiento en sus dos de sus trabajos más conocidos: “Sozaboy: A Novel in Rotten English” y un diario de guerra llamado “On a Darkling Plain”.
Durante toda su vida, tuvo éxito compaginando los dos mundos opuestos que son la literatura y los negocios. En los años 70 puso en pie un exitoso negocio inmobiliario y también fue comerciante, vendiendo hortalizas y productos domésticos en diversas áreas del Delta del Níger. Sus negocios crecieron tanto y con tanto éxito, que pudo volver a su otro amor, la literatura. Durante la siguiente década, escribió numerosos poemas y libros. Documentó con éxito la particularidad de la experiencia nigeriana en uno de sus libros más populares, “Basi and Company”, una mirada satírica sobre los nigerianos y su obstinada persecución de la riqueza. La serie satírica se convirtió en uno de los programas más vistos en la historia de Nigeria, y por ende de África.
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Retornó a la denuncia de su Ogoniland nativa a comienzos de la siguiente década. Se unió a otros ancianos Ogoni para formar el MOSOP (Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni). No sobreviviría esto. Es mismo año MOSOP publicó la “Carta de Derechos de los Ogoni”, un texto que reclamaba la independencia de la región. El documento reclamaba la autonomía del pueblo Ogoni y su derecho a gestionar los recursos naturales que de sus tierras. Condenaban la abundante contaminación y el daño hecho a la población por el gobierno nigeriano y otros actores extranjeros. Mientras que el MOSOP comenzó como una iniciativa local, el movimiento pronto ganó legitimidad internacional cuando Wiwa declaró, en el verano de 1992, en el grupo de los pueblos indígenas de las Naciones Unidas. Habló de manera directa y sencilla sobre los abusos de los derechos humanos, las políticas racistas y genocidas llevadas a cabo por Shell contra el Delta del Níger y su población.
En Diciembre del mismo año, MOSOP lanzó otro documento en el que indicaba que la organización no cejaría en su lucha a pesar de la manipulación e intimidación del gobierno militar y sus aliados. El éxito de MOSOP continuó, organizando una de las mayores manifestaciones a la que atendieron 300,000 personas. Se estima que un 60% de la población Ogoni se unió a la protesta contra la destrucción del medioambiente y de su forma de vida por parte de Shell y otras compañías. La fecha, el 4 de Enero, desde entonces se conoce como el Día de los Ogoni. Saro Wiwa y los líderes del MOSOP continuaron la lucha hasta el 21 de Mayo de 1994, cuando las cosas comenzaron a desmoronarse.
El 21 de Mayo de 1994, la temprana luz de la mañana trajo consigo a los soldados y policías hasta Gokana, una ciudad del Delta del Níger. Las fuerzas gubernamentales llegaron armadas y lanzando gas lacrimógeno. Estaba planeado que la manifestación del MOSOP tuviera lugar en la ciudad esa misma tarde. El sol subió, y la tarde llegó a Gokana, y la multitud se agitó de tal manera que cuatro jefes Ogoni fueron brutalmente asesinados en un enloqueció y extraño incidente. Estos jefes se oponían a las tácticas de los líderes del movimiento, incluyendo a Ken Saro Wiwa, y expresaban su desacuerdo de manera visible. Wiwa fue arrestado con otros líderes poco después. Los hombres del MOSOP fueron torturados, se les negó consejo legal, y acceso a la sanidad y no tuvieron permiso para mantener contacto con el mundo exterior. Finalmente fueron acusados de “incitación al asesinato” de los cuatro jefes Ogoni en Enero de 1995.
Muchos de los testigos de la acusación cambiaron más tardes sus declaraciones que señalaban la complicidad de Wiwa en los asesinatos. Dos de ellos, Nayone Akpa y Charles Danwi, incluso firmaron una declaración jurada en la que exponían que fueron sobornados e intimidados por Shell y sus aliados para testificar en contra de los acusados. Más pruebas de la complicidad de Shell en la injusta ejecución de estos hombres se presentaron con la reunión secreta que se celebró en Marzo de 1995 entre cuatro ejecutivos de Shell y los líderes del ejército y la policía nigeriana. Owens Wiwa, hermano de Ken Saro Wiwa afirmó más tarde que un ejecutivo de Shell, de apellido Anderson, le había pedido que pusiera fin a las protestas de MOSOP a cambio de salvar la vida de Ken. El juicio fue denunciado de forma general tanto en Nigeria como en el extranjero.
En Octubre de 1995, Ken Saro Wiwa y otros ocho miembros de MOSOP fueron sentenciados a la horca, y este fue su destino. El 19 de Noviembre de 1995, nueve hombres fueron colgados por un crimen que no cometieron y que el estado no pudo demostrar:wiwa9
Ken Saro Wiwa
Saturday Dobee
Nordu Gawo
Daniel Gbooko
Paul Levera
Felix Nuate
Baribor Bera
Barinem Krobel
John Kpuine


Estos hombres fueron brutalmente asesinados por un loco liderando un sistema loco con el permiso explicito de Shell Corporation. La mayoría de versiones afirman que Ken Saro Wiwa fue el último en morir y que fue forzado a ver como los otros ocho hombres fueron colgados. Aún más terrorífico es el hecho de que hubieran intentado ejecutarle en numerosas ocasiones.
Ken Saro Wiwa ha sido mi héroe desde que puedo recordar. Su vida me ha cautivado desde que supe de su vida. Admiro su pasión y compromiso con su pueblo. Su valor en la lucha, a pesar de haber predicho su propia muerte dos años antes, me fuerza a intentar vivir una vida comprometida y a no tener miedo. Su compromiso con la literatura, con la sátira, y su pasión por los negocios son todos ideas que intento emular. Hizo dinero y arte y para él esto no suponía un conflicto. Hoy, 10 de Noviembre de 2010, marca el 15º aniversario de su muerte.
Fue un hombre, vivió, y murió.
Leyó, y trabajó, y amó y rió. Aquellos que le conocieron le recuerdan riendo y hablan de su gran espíritu que cautivó a Ogoniland, al pueblo de nigeriano, e incluso a su amigo quien le ejecutó.
Fue un hombre que defendió sus principios. Odiaba la guerra pero combatió contra aquellos que explotaban su pueblo. Fue un hombre pacífico, que murió por un crimen terrible que no había cometido. Fue un producto de lo mejor que hay en el espíritu nigeriano y por esto tengo esperanza para nuestra nación.
Hoy le recuerdo y no puedo evitar pensar que a menudo en la historia, hombres como Ken vienen para enseñarnos una lección particular, y que nos corresponde a nosotros derivar de ellos, la lección que iluminará nuestras vidas.
*Temie Giwa es escritora y bloguera nigeriana, residente en EEUU. Escribe en el blog Nigerians Talk, donde se publicó la versión original de este artículo.Traducción de Africaneando.

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