Reseña: ‘Un ensayo sobre la violencia (En las fronteras de lo humano)’ – Eloy Cuadra Pedrini

Kuma*

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Ediciones Idea
Santa Cruz de Tenerife, 2009; 328 páginas; 17,90€
ISBN: 978-84-9941-084-5

violencia portadaCuando se aborda la memoria histórica, por ejemplo en relación a la Guerra Civil, de inmediato queda de manifiesto que, amén de las resistencias ultramontanas, ésta no sólo brilla por su ausencia en ese periodo fatídico sino en casi todos los hitos sepultados bajo el olvido, sea la expulsión de los moriscos o el empleo de armas químicas por parte del Ejército Colonial español en la Guerra del Rif. Algo parecido le ha sucedido a Eloy Cuadra Pedrini (Milán, 1971) en “Un ensayo sobre la violencia” al examinar la violencia de la que son tributarios los migrantes desde su detención en los pasos fronterizos, su traslado e ingreso en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y su ulterior deportación o abandono. Es decir, esa manifestación de la violencia es sólo una faceta minúscula de una violencia orgánica; me refiero a la razón instrumental que nos taladra con mayor o menor virulencia, seamos o no migrantes, estemos dentro o fuera del CIE; porque en última instancia todos vivimos en el seno de un Estado de Derecho, que nos protege y fustiga al unísono “con sus mejores intenciones”, en tanto que impone una frontera física y psíquica que obliga a denigrar al extranjero como el Otro, y por tanto a mantenerlo cuanto menos bajo sospecha. Por esto mismo afrontar la violencia en esa dimensión, en cierta manera implica explorar su completo despliegue en el resto del tablero.

En su ensayo Cuadra pergeña un minucioso retablo de los CIE. Éstos fueron concebidos para acoger-retener-detener a los inmigrantes irregulares mientras se tramitaba su expediente de expulsión. En su inicio, imperó la voluntad de que los CIE en su conjunto se distanciaran ampliamente de los centros penitenciarios puesto que el servicio iba dirigido a personas que no estaban cumpliendo una pena. Sin embargo, Cuadra puntualiza que desde su misma concepción, los CIE ya se torcieron, hasta el punto que las condiciones, humanas y logísticas, nunca han sido las proyectadas, ni mucho menos las deseadas. Sólo hay que echar un vistazo a las construcciones que albergan los CIE: un barracón de aeropuerto, un cuartel o cárcel abandonados, almacenes, hangares, etc. por no hablar del trato vejatorio generalizado del personal de servicio hacia sus huéspedes. A cualquiera de nosotros esos emplazamientos se nos antojan inadecuados cuando no sórdidos, pero nuestra opinión como espectadores importa menos que las experiencias de los propios inquilinos de esos (neo)campos de concentración, a los que Cuadra arrima el oído. Pasen y lean en este libro los testimonios, y prepárense para que se les pongan los pelos de punta. Todo se resume en una cuestión: ¿Para que están destinados y cuál es sin embargo la realidad y la función que desempeñan? En cualquier caso, la magnitud de la barbaridad de los CIE es tan apabullante que la peor de las críticas ya está inscrita en su propia definición y su consecuente y deplorable puesta en práctica.

Pero un crítica solvente al Estado de Derecho derivada de los CIE también debe cuestionar el papel de la sociedad. Y Cuadra no ofrece un retrato esperanzador, sino realista. En cierta manera, Cuadra apela al hombre masa de Ortega, o incluso al hombre unidimensional de Herbert Marcuse, ambos anestesiados contra las injusticias por su propio bienestar y su profundo individualismo. Es especialmente reveladora la atención que dedica a la disección del lactante, otra manera de denominar al común de los mortales, venido a este mundo para chupar cultura, entretenimiento o lo que sea. Todo menos realizar el ejercicio contrario, esto es, esforzarse por seguir su propio camino en lugar de rendirse al consumo, o actuar con compromiso hacia las desigualdades y despertar en todo caso de su letargo. Para huir del discurso apocalíptico, Cuadra plantea una serie de medidas encaminadas a cambiar el rumbo de la sociedad, empezando por sugerir una ética laica que pase porque cada individuo experimente su propia utopía mediante el cumplimiento de sus objetivos cotidianos, la búsqueda de una felicidad interior que no persiga alterar el sistema, dentro de la cual se englobaría un nueva mirada al Otro, desde luego más fraternal e integradora y menos despreciativa. Cuadra sabe que la lucha es ardua, pero no está solo, y se ampara en adalides de primera fila que pugnan por ofrecer otras alternativas a nuestro modus vivendi. José Saramago, Carlos Taibo, Serge Latouche, Naomi Klein, Ignacio Ramonet, entre otros, se oponen al sistema y proponen fórmulas más ecuánimes como el decrecimiento como medida necesaria para desarrollar una economía más equitativa.

Agiliza enormemente la lectura de este libro su transversalidad estilística (reflexión filosófica, análisis sociológico, testimonios manuscritos, apuntes autobiográficos, digresiones, etc.) y la virtud del autor para ponerse en la piel de todos los actores en liza. Uno de ellos le resulta especialmente fácil y a los lectores especialmente atractivo. Hablamos de la violencia que practica la policía para con los migrantes. Y es que el autor, antes de escritor y ensayista, perteneció al cuerpo de la policía. De hecho, fue un instante revelador en que la visión del Rostro de un migrante zarandeó su conciencia entera cuando cobró conciencia de la Otredad y decidió pasarse al otro bando. La perspectiva de Cuadra enriquece el análisis, porque la policía también debe ser comprendida en sus circunstancias, y sería erróneo reducir su actuación a un análisis frío y hasta vengativo, sin tener presentes las circunstancias, también instrumentales, que menoscaban su quehacer. La proximidad del autor también se aprecia cuando menciona autores o referencias y confiesa cuanto le han impresionado o lo útil que éstos han sido para moldear su visión. Esto es, en paralelo al discurso crítico, discurre un canto al placer del aprendizaje y del conocimiento. En ese sentido, Cuadra, que aboga por un mundo sin fronteras, es lo que acaba realizando en “Un ensayo sobre la violencia”, poniendo en común ideas, autores y temáticas distintas dentro de una olla cuyo resultado final es, como no podía ser de otra manera, un plato sabroso y macabro al mismo tiempo, como la vida misma.
*Kuma es colaboradora de Africaneando, afincada en Stonetown, Zanzíbar.

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