Conceptualizando el género: Los fundamentos eurocéntricos de los conceptos feministas y el reto de la epistemología africana

Oyeronke Oyewumi*
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Los últimos cinco siglos, descritos como la era de la modernidad, se han definido por una serie de procesos históricos incluyendo la trata Atlántica de esclavos y las instituciones acompañantes de la esclavitud y la colonización europea de África, Asia y América Latina. La idea de la modernidad evoca el desarrollo del capitalismo y la industrialización, así como el establecimiento de los Estados-Nación y el crecimiento de las disparidades regionales en el Sistema Mundial. El periodo ha sido testigo de una serie de transformaciones sociales y culturales. Significativamente, las categorías de género y raciales surgieron durante esta época como dos ejes fundamentales a lo largo de la cual las personas eran explotadas y las sociedades estratificadas.

Una característica distintiva de la era moderna es la expansión de Europa y el establecimiento de la hegemonía cultural euroamericana en todo el mundo. En ningún lugar esto es más profundo que en la producción de conocimiento sobre el comportamiento humano, la historia, las sociedades y culturas. Como resultado, los intereses, preocupaciones, preferencias, las neurosis, los prejuicios,
instituciones sociales y las categorías sociales Euro / Estadounidenses han dominado la escritura de la historia humana. Uno de los efectos de este eurocentrismo es la racialización de los conocimientos: Europa está representada como la fuente de conocimiento y los europeos como conocedores. En efecto, el privilegio de género masculino como una parte esencial del espíritu europeo está consagrado en la cultura de la modernidad. Este contexto mundial de producción de conocimiento debe ser tenido en cuenta en nuestra búsqueda de comprender las realidades africanas y, de hecho la condición humana.

En este artículo, mi objetivo es interrogar al género y sus conceptos aliados con base en experiencias culturales y epistemologías Africanas. El foco aquí está en el sistema de la familia nuclear, que es una forma específicamente europea y, sin embargo es la fuente original de muchos de los conceptos que se utilizan universalmente en la investigación de género. El objetivo es encontrar formas en que la investigación africana pueda estar mejor informada por las preocupaciones e interpretaciones locales y al mismo tiempo, por experiencias africanas que deben tenerse en cuenta en la construcción general de la teoría, a pesar del racismo estructural del sistema global.

El género y la política del conocimiento feminista

Cualquier análisis serio sobre el lugar del “género” en las realidades africanas debe necesariamente plantear preguntas sobre conceptos y enfoques teóricos vigentes. Este es un resultado del hecho de que la arquitectura y el mobiliario de la investigación de género han sido por lo general destilada de las experiencias europeas y norteamericanas. Hoy en día, las estudiosas feministas son la circunscripción más importante centrada en el género y el origen de mucho conocimiento sobre las mujeres y jerarquías de género. Como resultado de sus esfuerzos, el género se ha convertido en una de las categorías de análisis más importantes en la tarea académica de describir el mundo y el asunto político de prescribir soluciones. Por lo tanto, aunque nuestra búsqueda por la comprensión no puede ignorar el papel de las feministas occidentales, tenemos que cuestionar la identidad social, los intereses y las preocupaciones de los proveedores de dichos conocimientos. De acuerdo con este enfoque de la “sociología del conocimiento”, Karl Mannheim establece:

Las personas unidas en grupos se esfuerzan de acuerdo con el carácter y la posición de los grupos a los que pertenecen en cambiar el mundo de la naturaleza y la sociedad que las rodea o intentar mantenerlo en una condición dada. Es la dirección de esta voluntad de cambiar o mantener, de esta actividad colectiva, la que produce el hilo conductor del establecimiento de su problemas, sus conceptos y sus formas de pensamiento. (1936:4)

Las feministas, como uno de tales grupos, han usado su recién adquirido poder en las sociedades Occidentales para cambiar lo que se percibía anteriormente como problemas privados en asuntos públicos. Han mostrado cómo los problemas personales de las mujeres en la esfera privada son de hecho asuntos públicos constituidos por la inequidad de género de la estructura social. Está claro que las experiencias de las mujeres euroamericanas y su deseo por la transformación han provisto las bases para las preguntas, los conceptos, las teorías y las preocupaciones producidas en la investigación de género.
Las investigadoras feministas utilizan el género como modelo para explicar de la subordinación y opresión de las mujeres en todo el mundo. De un solo golpe, asumen que tanto la categoría “mujer” como su subordinación son universales. Pero el género es ante todo una construcción socio-cultural. Como el punto de partida de la investigación, no podemos tomar como dado lo que de hecho tenemos que investigar. Si el género domina ampliamente la vida de las mujeres blancas hasta la exclusión de otros factores, tenemos que preguntarnos ¿Por qué el género? ¿Por qué no alguna otra categoría como raza por ejemplo, que es considerada fundamental para las Afro Americanas? Dado que el género es socialmente construido, la categoría social “mujer” no es universal, y otras formas de opresión y equidad están presentes en la sociedad, podemos hacernos más preguntas: ¿Por qué el género? ¿En qué medida un análisis de género revela u oculta otras formas de opresión? ¿Cuál situación de las mujeres teorizan bien los análisis feministas? ¿Y de cuáles grupos particulares de mujeres? ¿En qué medida esto facilita los objetivos de las mujeres y su deseo para comprenderse con mayor claridad?

Muchos estudios han criticado el género como un concepto universal y han mostrado en qué medida éste es particular, especialmente para las políticas y mujeres anglosajonas / americanas en los Estados Unidos. Quizá la crítica más importante de las articulaciones feministas es la realizada por una gran cantidad de académicas afroamericanas, que insisten que en los Estados Unidos no se puede considerar el género por fuera de la raza y la clase.

Esta posición llevó a la insistencia en las diferencias entre las mujeres, y la necesidad de teorizar sobre las múltiples formas de opresión, sobre todo donde las desigualdades de raza, género y clase son evidentes. Fuera de los Estados Unidos, los debates se han centrado en la necesidad de prestar atención al imperialismo, la colonización, y otras formas locales y globales de estratificación, que le dan peso a la afirmación de que el género no puede abstraerse del contexto social y otros sistemas de jerarquía.

En este artículo, quiero añadir otra dimensión a las razones por las cuales el género no debe tomarse como un referente y específicamente para articular una crítica Africana. En primer lugar exploraré las fuentes originales de los conceptos feministas que son el pilar de la investigación sobre el género. Deseo sugerir que los conceptos feministas tienen su origen en la familia nuclear. Esta institución social constituye la base misma de la teoría feminista y representa el vehículo para la articulación de los valores feministas. Esto es a pesar de la creencia generalizada entre las feministas que su objetivo es subvertir esta institución de dominio masculino, y la creencia entre los detractores del feminismo de que éste es anti-familia. A pesar del hecho de que el feminismo se ha vuelto global, es la familia nuclear occidental la que proporciona la base a la mayor parte de la teoría feminista. Así, los tres conceptos centrales que han sido pilares del feminismo, la mujer, el género y la hermandad, son solo comprensibles con cuidadosa atención a la familia nuclear, de donde han surgido.

Además, algunas de las más importantes cuestiones y debates que han animado la investigación de género en las últimas tres décadas tienen más sentido una vez que se aprecia el grado en que están arraigadas en la familia nuclear (que es a la vez una configuración institucional y espacial). ¿Qué es la familia nuclear? La familia nuclear es la familia basada en el género por excelencia. Como una casa unifamiliar, está centrada en una esposa subordinada, un esposo patriarcal, y los hijos. La estructura de la familia concebida como la unidad conyugal en el centro, nos lleva a la comprensión del género como una categoría natural e inevitable, porque dentro de esta familia no hay categorías transversales. En un hogar basado en el género, biparental, con jefe masculino, el hombre se concibe como el sostén de la familia y la mujer se asocia con el hogar y la crianza. La feminista socióloga Nancy Chodorow da cuenta de cómo la división del trabajo basada en el género, en la familia nuclear donde la mujer es la madre, establece diferentes desarrollos y trayectorias psicológicas para los hijos y las hijas, y al final produce seres y sociedades basadas en el género. De acuerdo a Chodorow:

La división familiar del trabajo, con la mujer como madre, da un significado específico al género, tanto social como históricamente. La producción genérica de hombres y mujeres con personalidades particulares, necesidades, defensas, y capacidades, crea condiciones y contribuye a la reproducción de esta división del trabajo. Así, la cuestión de la mujer como madre, inadvertida e inevitablemente, se reproduce a sí misma. (Chodorow 1978:12).

Las distinciones de género son fundacionales para el establecimiento y funcionamiento de este tipo de familia. Así, el género es el principio organizador fundamental de la familia, y las diferencias de género son la fuente principal de jerarquía y opresión en el núcleo familiar. Por la misma razón, la igualdad de género es la fuente principal de identificación y solidaridad en este tipo de familia. Así, las hijas se identifican como mujeres con su madre y hermanas. Haraway a su vez escribe: “El matrimonio encapsula y reproduce relaciones antagónicas de los dos grupos sociales coherentes, los hombres y las mujeres” (Haraway1991:138).

Entonces, la familia nuclear es una forma específicamente occidental; no es universal. Más específicamente, la familia nuclear sigue siendo una forma extraña en África a pesar de su promoción por el Estado tanto colonial como neocolonial, las agencias internacionales de (sub)desarrollo, organizaciones feministas, organizaciones no gubernamentales contemporáneas (ONG’s), entre otras.

La configuración espacial del hogar de la familia nuclear, como espacio aislado, es crucial para comprender las categorías conceptuales feministas. No es de extrañar que la noción de mujerismo que emerge del feminismo occidental, arraigado en la familia nuclear, es el concepto de mujer, dado que, como señala Miriam Johnson “la relación matrimonial [en las sociedades Occidentales] tiende a ser el núcleo de la relación solidaria adulta y, como tal, hace que la mera definición de mujer dé lugar a la de esposa” (19:40). Porque la categoría “mujer” tiene su raíz en la familia.

En gran parte de la teoría feminista blanca, la sociedad se representa como una familia nuclear, compuesta por una pareja y sus hijos. No hay lugar para otros adultos. Para las mujeres, en esta configuración, la identidad de mujer está totalmente definida; las otras relaciones son, como mucho, secundarias. Parece como si la medida del universo feminista es la familia nuclear.

Metodológicamente, la unidad de análisis es el hogar de la familia nuclear, que reduce entonces teóricamente la mujer a esposa. Dado que la raza y la clase normalmente no varían en la familia, tiene sentido que el feminismo blanco, atrapado en la familia, no vea la raza ni la clase.

Así, la categoría fundamental de la diferencia, que aparece como un universo de los confines de la familia nuclear, es el género. La mujer en el corazón de la teoría feminista, la esposa, nunca sale del hogar. Al igual que un caracol que lleva la casa alrededor de ella. El problema no es que la conceptualización feminista comienza con la familia, sino que nunca trasciende los confines estrechos de la familia nuclear. En consecuencia, siempre que la mujer está presente aparece la esfera privada de la subordinación de la mujer. Su mera presencia es definida como tal.

Al teorizar desde el espacio cerrado de la familia nuclear, no es de extrañar que las cuestiones de sexualidad automáticamente pasan a primer plano en cualquier discusión sobre género. Incluso una categoría como madre no es comprensible en el pensamiento del feminismo blanco, excepto si la madre está definida primero como la esposa del patriarca. No parece haber comprensión del rol de una madre independiente de sus lazos sexuales con un padre.

Las madres son esposas en primer lugar. Esta es la única explicación de la popularidad del oxímoron: madre soltera. Desde una perspectiva africana, en realidad las madres por definición no pueden ser solteras. En la mayoría de las culturas, la maternidad se define como una relación con la descendencia, no como una relación sexual con un hombre. En la literatura feminista, la maternidad, que en muchas otras sociedades constituye la identidad dominante de la mujer, se asume bajo el papel de esposa. Porque la mujer es un sinónimo de esposa, la procreación y la lactancia en la literatura de género (tradicional y feminista) se presentan generalmente como una parte de la división sexual del trabajo. La pareja marital se constituye entonces como la base de la división social del trabajo.

La feminista socióloga Nancy Chodorow sostiene que incluso un niño experimenta a su madre como un ser con género – esposa del padre –, lo cual tiene profundas implicaciones respecto al desarrollo psicosocial de los hijos e hijas. Ella universaliza la experiencia de la maternidad nuclear y la toma como un ser humano determinado, ampliando así los límites de esta forma occidental muy limitada a otras culturas que tienen diferentes organizaciones familiares.

La familia Yoruba sin género

Hasta ahora he mostrado que los conceptos feministas surgieron de la lógica de la familia nuclear patriarcal, una forma de familia que es inapropiadamente universalizada. En esta sección acerca de mi propia investigación en la sociedad Yoruba del sur-oeste de Nigeria, presento un tipo diferente de organización familiar. La familia tradicional Yoruba puede ser descrita como una familia sin género. No tiene género porque los roles de parentesco y las categorías no son diferenciadas por género. Es significativo entonces, que los centros de poder dentro de la familia están difuminados y no tienen especificidad de género. Debido a que el principio organizador fundamental dentro de la familia es la antigüedad con base en la edad relativa, y no el género, las categorías de parentesco codifican la edad y no el género. La antigüedad es la clasificación social de las personas con base en sus edades cronológicas. De ahí que las palabras egbon se refiere al hermano mayor y aburo al hermano menor, independientemente del género. El principio de la edad es dinámico y fluido; a diferencia del género, no es rígido ni estático.

En la familia Yoruba, omo, la nomenclatura para niño, se traduce mejor como criatura. No hay una sola palabra que denote niña o niño en primera instancia. Con respecto a las categorías esposo y esposa, dentro de la familia la categoría oko, que usualmente se traduce al inglés como esposo, no tiene un género específico porque abarca tanto hombres como mujeres. Iyawo, traducido como esposa, se refiere en inglés a las mujeres en matrimonio. La distinción entre oko e iyawo no es de género, sino una distinción entre aquellos que son miembros de la familia por nacimiento y aquellos que lo son a través del matrimonio. La distinción expresa una jerarquía en la cual la posición oko es superior a la de iyawo. Esta jerarquía no es de género, porque incluso las mujeres oko son superiores a las mujeres iyawo. En la sociedad en general, incluso la categoría iyawo incluye tanto hombres como mujeres, y los devotos de los Orisa (deidades) se llaman iyawo Orisa. Así, las relaciones son fluidas y los roles sociales están continuamente poniendo a los individuos en roles cambiantes jerárquicos y no jerárquicos, dependiendo del contexto en el que están.

El trabajo de la antropóloga social Niara Sudarkasa sobre las características contastantes de los sistemas familiares basados en África y en Europa, es especialmente esclarecedor. Ella señala que la familia nuclear se basa conyugalmente en lo que está construido alrededor de la pareja como núcleo conyugal. En África Occidental (de la cual los Yoruba forman parte), es el linaje lo que se considera como familia. El linaje es un sistema familiar basado consanguíneamente y construido alrededor de un núcleo de relaciones de hermanos y hermanas de sangre. Ella explica:

En el matrimonio, las parejas normalmente no suelen establecer hogares separados, sino más bien se unen al recinto de la novia o del novio, dependiendo de las reglas prevalecientes de descendencia. En una sociedad donde la descendencia es patrilineal, el núcleo grupal del hogar consistía en un grupo de hermanos, algunas hermanas, sus hijos adultos y nietos. El núcleo de la unidad de co-residencia estaba compuesto por parientes de sangre. Los cónyuges son considerados externos y por lo tanto no forman parte de la familia (1996:81).

En el caso de los Yoruba, todos los miembros del linaje como grupo se llaman omo-ile y son individualmente clasificados por orden de nacimiento. Todas las mujeres en matrimonio forman un grupo llamado iyawo ile, y son clasificadas por orden de fecha de matrimonio. Individualmente, un omo-ile ocupa la posición de oko en relación al nuevo iyawo. Esta relación interior-exterior se clasifica con el interno como el privilegiado. El modo de reclutamiento en el linaje es la diferencia crucial – el nacimiento para el oko y el matrimonio para el iyawo.

Si hubiera un rol indentitario que definiera a las mujeres, sería la posición de madre. Dentro del hogar, los miembros se agrupan bajo diferentes unidades de madre e hijo descritas como omoya, que literalmente significa hijos de una hermana madre-vientre. Debido a la matrifocalidad de muchos sistemas familiares africanos, la madre es el eje alrededor del cual las relaciones familiares están delineadas y organizadas. En consecuencia, omoya es la categoría comparable en la cultura Yoruba con la hermana nuclear en la cultura blanca americana. Las relaciones entre hermanos del mismo vientre, al igual que las hermanas de la familia nuclear, se basa en la comprensión de los intereses comunes surgidos de una experiencia compartida. La experiencia común que une a los omoya en la lealtad y el amor incondicional es el vientre de la madre. La categoría omoya, a diferencia de hermana, trasciende el género.

Omoya también trasciende el hogar; porque los primos matrilineales se consideran como hermanos de vientre y se perciben como más cerca entre sí que los hermanos que comparten el mismo padre y que incluso pueden vivir en el mismo hogar. Omoya sitúa una persona en un grupo reconocido socialmente y subraya la importancia de las relaciones madre-hijo al delinear y anclar el lugar de un niño en la familia; por lo que estas relaciones son primarias, privilegiadas y deben ser protegidas por encima de todas las demás. Además, omoya pone de relieve la importancia de la maternidad como institución y como experiencia en la cultura.

El reto de las conceptualizaciones africanas

La dificultad de aplicar conceptos feministas para expresar y analizar las realidades africanas es el reto principal de los estudios africanos de género. El hecho de que las categorías de género occidentales se presentan como inherentes a la naturaleza (de los cuerpos) y operan sobre una dicotomía, los opuestos binarios masculino/femenino, la dualidad hombre/mujer en la que lo masculino se asume como superior y por tanto la categoría de definición, es particularmente ajeno a muchas culturas africanas. Cuando las realidades africanas se interpretan con base en estas afirmaciones occidentales, lo que encontramos son distorsiones, ofuscaciones en el lenguaje y a menudo una falta total de comprensión debido a la inconmesurabilidad de las categorías e instituciones sociales. De hecho, las dos categorías básicas de mujer y género requieren repensarse, dado el ejemplo anterior de los Yoruba, y como señalé en mi libro “The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses”. Estudios de otras sociedades africanas sugieren problemas similares. A continuación, algunos ejemplos.

La antropóloga social Ifi Amaduime escribe acerca de las hijas masculinas, esposos femeninos, y la institución del matrimonio entre mujeres en la sociedad Igbo (Amaduime 1987). Estos conceptos confunden a la mente occidental y, por tanto, no deben ser aprisionados por el marco feminista. En la novela “Nervous Conditions”, Tsitsi Dangarembga, que escribe en un contexto Shona, discute los privilegios de lo que ella llama el “estatus patriarcal” de la tía Tete, un personaje de la historia: “Ahora bien, este tipo de trabajo era el trabajo de las mujeres, y de las trece mujeres allá, mi madre y Lucía no podían hacerlo, la pequeña Tete, ya que tenía estatus patriarcal, no se podía esperar mucho” (1989: 133). Deducimos que la tía Tete es una mujer, pero tiene “estatus patriarcal”, que la exime del trabajo de las mujeres. Surge entonces la pregunta de cómo la categoría “mujer” se constituye en la sociedad Shona. ¿Quién es entonces la mujer que hace el trabajo de las mujeres? ¿Qué significa todo esto dentro de la organización de la sociedad? Del mismo modo, Sekai Nzenza Shand, que escribe acerca de su familia Shona en sus memorias “Songs from African sunset”, describe la relación de superioridad de su madre con las varoora de esta manera:

En su pueblo de soltera, mi madre era considerada como la tía abuela, o un hombre de honor; las varoora le mostraba su respeto como a un padre, y mi madre podía dirigirlas como quisiera. Por lo tanto, ellas vinieron al pueblo de su “esposo” para apoyarla en el duelo (1997: 19).
¿Es la madre de Nzenza Shand un hombre (ya sea un hombre de honor)? ¿Qué significa esto?

Volviendo a África Occidental, el lingüista de Ghana, Kwesi Yankah, en su monografía del Okyeame – portavoz de los jefes Akan – hizo la siguiente observación: “Okyeame se refiere tradicionalmente a ohene yere, la esposa del jefe – esto se aplica a todos los Okyeame ya sea en puestos hereditarios o de nombramiento” (1995: 89). Él explica: “incluso en los casos en que un jefe es femenino y su Okyeame es masculino, aún así el Okyeame es una esposa y el jefe un esposo” (89). Esta comprensión claramente confunde el entendimiento Occidental basado en el género, en que el rol social “esposa” es inherente al cuerpo femenino. Finalmente, la historiadora Edna Bay, que escribe acerca del reino de Dahomey señala:

El rey también se casa con hombres. Artesanos prominentes y líderes con talento de las áreas recién conquistadas, fueron integrados a Dahomey a través de lazos basados en el lenguaje del matrimonio. Junto con los eunucos y las mujeres del palacio, estos hombres se llamaban ahosi. Los ahosi masculinos trajeron familias con ellos o se les ofrecían mujeres y esclavos para establecer un linaje (1998: 20).

La categoría “mujer del palacio” que se menciona en la cita, no incluye a las hijas del linaje. Las mujeres nacidas dentro del linaje pertenecen con sus hermanos a la categoría de miembros del linaje, un grupo que se deriva del lugar de nacimiento. Estos hechos ponen de relieve la necesidad de someter la categoría “mujer” a un análisis adicional y a privilegiar las categorías e interpretaciones de estas sociedades Africanas.

Estos ejemplos Africanos presentan varios desafíos para los universalismos injustificados de los discursos feministas del género. De los casos presentados, se vuelve obvio que estas categorías sociales Africanas son fluidas. No descansan en el tipo de cuerpo, y su posicionamiento es altamente situacional. Además, el idioma del matrimonio que es utilizado para la clasificación social, frecuentemente no se centra en el género, como sugerirían las interpretaciones feministas de la ideología y la organización familiar. En otra parte he sostenido que el idioma del matrimonio/familia en muchas culturas africanas es una manera de describir las relaciones patrón/cliente que tienen poco que ver con la naturaleza de los cuerpos humanos. Los análisis y las interpretaciones de África deben empezar con África. Los significados y las interpretaciones deberían derivar de la organización social y las relaciones sociales, poniendo especial atención a la cultura específica y a los contextos locales.

Bibliografía

Amadiume, Ifi. (1987). Male Daughters, Female Husbands: Gender and Sex in an African Society. London: Zed Press.

Bay, Edna (1998). Wives of the Leopard: Gender, Politics, and Culture in the Kingdom of Dahomey.Charlottesville, University of Virginia Press.

Chodorow, Nancy. The Reproduction of Mothering: Psychoanalysis and the Sociology of Gender. Berkeley: University of California Press, 1978.

Dangarembga, Tsitsi (1989). Nervous conditions: A Novel. Seattle, Seal Press

Mannheim, Karl (1936). Ideology or Utopia? London, Routeledge: Kegan and Paul

Haraway, Donna (1991). Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature. New York: Routledge.

Nzenza-Shand, sekai (1997). Songs to an African Sunset: A Zimbabwean Story. Melbourne and London: Lonely Planet Publications.

Oyewumi, Oyeronke (1997). The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses.(University of Minnesota Press).

Sudarkasa, Niara (1996). The Strength of Our Mothers:African and African American Women and Families :Essays and Speeches.Trenton and Asmara: Africa WorldPress.

Yankah, Kwesi (1995). Speaking for the Chief : Okyeame and the Politics of Akan Royal Oratory. Bloomington and Indianapolis: Indiana University Press.

*Oyeronke Oyewumi es una socióloga y académica nigeriana, autora de, entre otros libros, el galadornado “The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses”. este artículo apreció originalmente en JENda: A Journal of Culture and African Women’s Studies, vol. 2, no. 1 (Otoño 2002).Traducción de Africaneando.

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