Neopentecostalismo en África, una introducción a los trabajos de Asonzeh Ukah

Oscar Escudero*
untitled

1. ¿Auge o declive de la religión?
La percepción de que la religión se haya en franca decadencia está tan extendida y asentada entre la sociedad occidental como alejada de la realidad, hasta el punto que conforma otro de tantos tópicos que levitan en la nebulosa de distorsiones y perversiones en la que vivimos inmersos, pero que, no por ser más conscientes de ello, deforma menos nuestra visión, nuestro pensamiento y hasta nuestra esperanza. Probablemente, este tópico se nutre en cierta medida de la virtual caída en picado que por igual afecta al cristianismo: también es comprensible, aunque equivocado, juzgar al conjunto de las religiones en función de la salud de ésta ni que sea como mero acto reflejo.
Los prevalencia de tal distorsión se debe a causas de fondo o históricas, y a causas contemporáneas, que no posmodernas, o superficiales. Entre estas últimas, el lento pero inexorable avance del secularismo en las democracias “avanzadas” tiene como consecuencia la reducción del ámbito público religioso (cristiano). También colabora la propia institución eclesiástica, que día a día asiste al aumento de su desprestigio alrededor del mundo a base de encabezar titulares relacionados con el abuso de menores y la pederastia. Éstos mancillan su imagen, y no sólo por la comisión del delito, sino también por la gestión pública (comunicación, reconocimiento, perdón, etc.) que hace de ellos. Al parecer sólo la iglesia cristiana recela de la veracidad de tales imputaciones, mientras su credibilidad se va minando ante el asombro de ciudadanos ateos y practicantes. Entretanto, su amplio terreno conquistado en la Historia se reduce por la intromisión de toda suerte de movimientos pseudorreligiosos, de una producción indiscriminada de libros de autoayuda, y de una espiritualidad almibarada también creciente que fusiona un poco de aquí y un poco de allá.
Entre las causas de fondo, seguramente la sedimentación del concepto de nihilismo nietzscheano derivado del dictamen de la muerte del Dios cristiano y la creación del superhombre, han contribuido en buena medida, más por su poderosa atracción intrínseca y por cuanto de osadía entraña atentar contra la Sagrada Escritura, que por su transposición a la vida real. Otro factor de desprestigio de la religión es la campaña contra Dios, desigualmente orquestada desde la comunidad científica, empecinada en demostrar su inutilidad sometiéndola a análisis que persiguen demostrar la inexistencia de un ente trascendental e inmanente al mismo tiempo (1). Todo ello acelera el debilitamiento de la religiosidad o a la apariencia de su menoscabo. Y, el conjunto de estas causas, en suma, formaría parte del ideario de la Ilustración, como señalaron Adorno y Horkheimer, según el cual el avance de la razón no sólo arrollaría la vieja mitología y desencantaría al mundo, sino que también relegaría a la religión a una posición secundaria e inestable: “Las doctrinas morales de la Ilustración ponen de manifiesto el desesperado intento de encontrar, en sustitución de la religión debilitada, una razón intelectual para sostenerse en la sociedad cuando falla el interés” (2).
Pero las causas comentadas arriba acaso nos servirán sólo para describir un escenario futuro que, con mucha probabilidad, nunca nos alcanzará. Como apunta el teólogo luterano y sociólogo estadounidense Peter Berger “tenemos que desterrar la idea de que la modernidad y el declive [de la religión] son fenómenos inseparables” (3). Lo cierto es que hoy la religión experimenta una expansión sostenida, que se torna intensa cuando nos referimos al islam, y vertiginosa cuando se trata del pentecostalismo protestante. Éste último está protagonizando una eclosión global y, sin embargo, está pasando desapercibido, como apunta con cierto humor David Martin en un artículo centrado en América Latina: “Los europeos no saben mucho de los extraordinarios avances del cristianismo en el mundo en desarrollo, o incluso del resurgimiento ortodoxo en Europa oriental y Rusia. Puede que tengan vagas sospechas sobre el declive católico en España (aunque no en Italia) y que intuyan la espiritualidad o el materialismo poscristianos del norte de Europa. Es muy poco probable que se den cuenta de que, a partir de la década de 1960, los pentecostales han aumentado en Latinoamérica en muchas decenas de millones, hasta el punto de que una de cada cuatro personas de Buenos Aires es un pentecostal, o que a partir de la década de 1970 se produjo un movimiento similar en África, generando lo que en Ghana se conoce como fiebre del cristianismo. Este resurgimiento cristiano es tan masivo como el resurgimiento islámico, pero queda por debajo del radar de los medios de comunicación, porque no se ha matado a nadie y, en cualquier caso, las personas involucradas viven en la parte equivocada de la ciudad. Los cristianos en África eran una pequeña minoría hasta fechas muy recientes y en la actualidad ascienden a 350 millones de personas, o una de cada seis de la circunscripción cristiana global” (4). En efecto, la onda expansiva del pentecostalismo está siendo espectacular en África. Según Asonzeh Ukah, con datos de 2005 en la mano (6) los cristianos representan un 46% (400 millones) del total de una población de 890 millones de africanos, lo que significa el mayor crecimiento registrado en todo el mundo. Tal crecimiento no responde únicamente al reclutamiento de parias y desamparados, sino a la inclusión de gente joven, educada, a urbanitas e individuos pertenecientes a las clases acomodadas de la sociedad. En Europa, el pentecostalismo también gana adhesiones, y ha fraguado por ejemplo en el Reino Unido, donde se han erigido iglesias mastodónticas de estética ultramoderna. En España, el mensaje pentecostal se ha infiltrado en la comunidad gitana desde la mitad del siglo pasado, proceso que está documentado pormenorizadamente en los trabajos de Ignacio R. Mena Cabezas (6).
En este artículo abordamos específicamente el neopentecostalismo y su impacto en África, apoyándonos en la solvente y alumbradora investigación del antropólogo nigeriano Asonzeh Ukah. Antes, sin embargo, juzgamos conveniente ofrecer unas pinceladas para aproximarnos a este movimiento religioso.

2. Origen, doctrina y naturaleza del pentecostalismo
untitledEl pentecostalismo tiene su epicentro en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. El detonante fueron unas declaraciones del Reverendo Parham en las cuales anunció que una estudiante de su Bethel Bible School, ubicada en Kansas, había hablado en lenguas; tras recibir la inspiración (el soplo, el bautismo) del Espíritu Santo, de súbito había empezado a expresarse en idiomas que hasta entonces desconocía. Al poco tiempo, otros estudiantes atraídos por esta noticia, se empeñaron con éxito en reeditar la recepción del soplo y el don de lenguas y, según Parham, en su parroquia se pudo escuchar francés, alemán, sueco, bohemio, chino, japonés, etc. Este acontecimiento fundacional devino la culminación de un movimiento religioso que hunde sus raíces en el siglo XIX en Inglaterra, donde los pastores evangélicos ensalzaban el bautismo del Espíritu Santo como condición sine qua non para la salvación que cada creyente debía sentir en sus carnes para alcanzar la plenitud de una vida cristiana. No es ocioso recordar que el pentecostalismo se enmarca dentro del evangelismo protestante.
Tras esta primera etapa en que el pentecostalismo de raigambre inglesa pasa por el cedazo de la americanización, adobándose con la influencia de la cristiandad afroamericana, se consuma la llamada primera ola, que se desarrolla, en cuanto a acólitos y a iglesias se refiere, con un ritmo más o menos pausado y silencioso hasta 1930. A partir de 1950-60, las iglesias pentecostales fueron reconocidas por las otras denominaciones como una parte válida del cristianismo, gracias a actividades como las campañas evangelísticas tuteladas por figuras como William Branham, Oral Roberts o Kathryn Kuhlman, la ceremonia de comunión con los creyentes no pentecostales, y la innovación en el empleo de los medios de comunicación (radio, televisión). De este modo, unos 50 años después del principio, dio comienzo la segunda ola, esta vez con denominación de origen exclusivamente norteamericana, que en un principio comprendió la iglesia episcopal (Dennis Bennett), después la iglesia luterana (Larry Christenson), la mayor parte de las iglesias independientes y, a partir de 1966 aproximadamente, también la iglesia católica. Desde entonces, las experiencias del “bautismo en el Espíritu” o de la “renovación en el Espíritu Santo” son debidamente enseñadas y practicadas. Finalmente, a partir de la década de los 80 tiene lugar el advenimiento del Neopentecostalismo o Movimiento de la Fe. Mientras que el pentecostalismo clásico discrepa de la Teología o Evangelio de la prosperidad, un conjunto de doctrinas que interpretan la prosperidad económica y el éxito en los negocios como una evidencia externa de Dios, se asimilan a la doctrina de la tercera ola. Con la consolidación del neopentecostalismo se desata una expansión que llega a nuestros días, que abarca los cinco continentes y que convierte al movimiento en fenómeno transnacional.
Doctrinalmente, el pentecostalismo procede de la práctica de la recepción de los dones del Espíritu Santo (hablar en lenguas, profecía, sanación, milagros etc.) por parte de los apóstoles en el día de Pentecostés. Ello está recogido en Hechos de los Apóstoles (Hch 2) donde, igual que en el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo detenta poderes taumatúrgicos para obrar milagros (carismas). En el calendario, el día de Pentecostés señala la celebración del quincuagésimo día después de Pascua (Domingo de Resurrección) y pone término al ciclo pascual. El origen de la efeméride se retrotrae a la fiesta semanal judía, denominada Shavuot, que conmemora la epifanía de Dios en el monte Sinaí y, por tanto, la cesión de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel. En consecuencia, la distinción del pentecostalismo de otros movimientos religiosos se lleva a cabo particularmente por la presencia ineludible de tales dones en el seno de la liturgia. Veamos en qué consisten estos dones y el resto de elementos que caracterizan al pentecostalismo, advirtiendo de antemano que el movimiento neopentecostal abriga un amplio espectro de iglesias, ritos, y hasta creencias y que, por tanto, nos limitamos aquí a trazar las líneas maestras.
El pastor o líder carismático está ungido con el carisma que eventualmente le permite obrar milagros en su ministerio, referidos sobre todo al ámbito de la salud, pero también a sanaciones espirituales, corporales, familiares, etc. El pastor ejecuta las sanaciones a través de la imposición de manos, órdenes autoritarias o rituales comunitarios para templar dolores, curar enfermedades y, con mucha frecuencia, para liberar al feligrés de toxicomanías (drogas, alcohol). Asimismo, el pastor se encarga de lanzar las profecías. La existencia de las mismas se funda en la prueba de la vigencia de la glosolalia (si la una es posible, ¿por qué la otra va a dejar de serlo?). Sin embargo, la profecía en su sentido moderno no tiene nada que ver con las profecías bíblicas. Es un don poco corriente que depende más de los propios pastores que del hecho de que por ser pastor se posea tal don. En cualquier caso, el profetismo apunta a los grandes males del mundo y a la salvación del mismo, pero no a premoniciones de corte adivino.
En lo concerniente al exorcismo, mientras el catolicismo y el protestantismo histórico han defenestrado al demonio como guardián de la fuente del pesar, para sustituirlo por la referencia genérica del mal, el pentecostalismo denunciará de forma inequívoca al diablo y a los demonios de la autoría de los poderes malignos que laceran la salud del cuerpo y del alma. Estos demonios se vincularán a enfermedades, plagas, idolatría, lugares desérticos, etc. La expulsión del demonio, conducida por el líder carismático, se constata en el fragor de cultos especialmente extáticos, rebosantes de gran excitación y fervor. No debe extrañar que el mensaje pentecostal planee en muchos países (Ghana, Etiopía) africanos como una prolongación de los mundos animistas.
En cuanto al sermón y a la prédica pentecostal, impera remarcar que no se trata de un discurso teórico, intelectual o abundante en contenido teológico, sino que persigue azuzar la esfera emocional del feligrés, lo que suele traducirse en explosiones extáticas y en una suerte de catarsis colectiva. El núcleo central del discurso del pastor, salvando todas las diferencias individuales, pasa por subrayar la transformación del individuo como un suceso milagroso alentado por la sola fe. Esta transformación (cuya esencia no es privativa del pentecostalismo, pues es medular también en el islam y hasta en la doctrina hermética que conforma el corpus teórico de la masonería, inspirado a su vez en la alquimia, según la cual el hombre pre-religioso es una piedra bruta susceptible de pulirse hasta convertirse en oro o en un diamante libre de impurezas, a través del ritual de iniciación) del individuo culmina cuando el converso renuncia a la vida dispendiosa y a la promiscuidad y deja de frecuentar bares, prostíbulos, casinos o estadios de fútbol porque ha reformado su psiquis. En lugar de ello acude a la iglesia con fe, donde asume nuevas responsabilidades y cambia las prioridades personales. Entonces, se supone que la paz suplanta la violencia en el hogar, desaparece el machismo y el feligrés reúne todas sus fuerzas para luchar por la prosperidad de su familia. Mientras tanto, el converso presta una especial sensibilidad hacia el cuidado de su apariencia física mediante el esmero en la indumentaria y la higiene corporal, la represión de insultos y exabruptos, esforzándose por mejorar la expresividad. Este nuevo contrato no se suscribe ni con la iglesia ni con el pastor, sino con el mismo Espíritu Santo, eso sí, bajo los auspicios del pastor.
Todos estas habilidades que con mayor o menor prestancia puede desempeñar el pastor, durante el pasado siglo y el presente dieron pie a la proliferación de una variedad de pastores cuya elocuencia ha alcanzado cotas siderales de fama y admiración parangonables a las de estrellas de cine y televisión. Nos referimos a los pastores superestrellas (teleevangelistas) que difunden el mensaje a través de espacios televisivos de gran audiencia, normalmente norteamericanos aunque, como veremos más adelante, también africanos que trascienden sus barreras locales y pueden aparecer como “artistas invitados” en programas televisivos afines. A menudo, estos pastores de masas conducen ritos litúrgicos en estadios atestados de multitudes, que sirven a su vez de campañas publicitarias en sí mismas, dotadas de un potente impacto que repercuten en nuevas adscripciones.
Para el culto o liturgia pentecostal, el escenario puede oscilar entre una iglesia realquilada, una de nueva construcción, pasando por bajos comerciales, locales cedidos por la administración o domicilios privados. Normalmente, los feligreses son conversos, en su mayoría procedentes del catolicismo romano, aunque no se descarta cualquier otro credo de origen. En principio, la inmensa mayoría de la membresía se corresponde con las clases más desfavorecidas de la sociedad, aquejadas no sólo de penalidades materiales sino de la inestabilidad emocional que provoca la pérdida de un expectativa que atenúe las dificultades cotidianas. Durante la liturgia, el pastor interacciona con la congregación o grey, y, a veces los fieles “dan testimonio” de cómo la fuerza del Espíritu los ha “liberado” de hábitos perniciosos de sus vidas pasadas (alcohol, violencia doméstica, etc.). Ello refuerza el mensaje y estimula o contagia a los que aguardan un tanto escépticos esta transformación, pues las manifestaciones que hacen algunos grupos religiosos del don de lenguas se llevan a cabo intramuros y no ante el público general. Ahora bien, a diferencia de los primeros testimonios del reverendo Parham, los que en la actualidad hablan en lenguas suelen articular sonidos totalmente incomprensibles, en un estado tal de frenesí que los lleva a arrojarse al suelo o a gritar fuertemente. La otra cara de la glosolalia sería la interpretación de lenguas, práctica muy restringida y acotada exclusivamente a pastores con capacidad exegética.

Antes de abordar la situación del neopentecostalismo en África Occidental (sobre todo en Nigeria y Camerún) conviene acentuar que su aterrizaje, al igual que el resto de religiones, se ha ido imbuyendo del calor local y amoldándose al entorno, a veces estableciendo un diálogo tan permeable como para crear nuevas iglesias y notorias variaciones en la interpretación de la doctrina. Con ello, naturalmente, existe el riesgo de incurrir en contradicciones, tales como que algunos pastores prohíban ver la tele en Chile, y en EEUU se retransmitan sermones conducidos por teleevangelistas en canales monotemáticos durante 24 horas seguidas. En este sentido, tampoco el pentecostalismo está a salvo de traiciones flagrantes a sus principios cuando no de violaciones descaradas de los mismos. De alumbrar estos matices locales y de evidenciar que la iglesia pentecostal africana adolece de los mismos vicios que otras instituciones religiosas (7), así como de plantear mecanismos para corregirlos, versan las investigaciones de Asonzeh Ukah.

ukah

Asonzeh Ukah

3. Las cristiandades africanas bajo la lupa de Asonzeh Ukah
Asonzeh Ukah se graduó en la Universidad de Ibadan (Nigeria) en Religión Comparada en 1994. Más tarde amplió sus estudios cursando Sociología de la Religión, incluyendo así en su visión un planteamiento antropológico. En la actualidad, ejerce como profesor de Historia de las Religiones en la Universidad de Baviera (Alemania), combinando la docencia con estancias en distintos países africanos donde lleva a cabo sus estudios de campo: Ghana Nigeria, Camerún, Uganda, Lesotho. A parte de su producción científica académica, Ukah ha publicado varios libros: “A New Paradigm of Pentecostal Power. The Redeemed Christian Church of God in Nigeria”, “Local Identities and Global Processes in African Pentecostalism”, “Poster Publicity and Religious Proselytization. A Study of Pentecostalism in Ibadan”, “Religion and Mass Media. A Sociological Perspective”, “Religion and Truth-Telling. A Christian Perspective” (8). Tras varios años de dedicación a la fiebre del neopentecostalismo en Nigeria y su irradiación a otros países vecinos, desde 2007 Ukah ha venido observando atentamente la expansión de la iglesia pentecostal nigeriana en Sudáfrica, tema sobre el que versa su más reciente publicación: “Gods at Crossroads: Competitive Strategies of Nigerian Churches in South Africa”.
mew paradigmDe entre toda su labor investigadora, nosotros nos centraremos en dos publicaciones que ahondan en la explosión de la iglesia pentecostal en el seno de Nigeria y sus repercusiones en el resto del continente, y hasta en el mundo. Comenzaremos por “Los expertos en religión y la producción de un conocimiento (religioso) translocal. El caso de la Iglesia Cristiana Redimida de Dios (9). A tenor del prisma socio-antropológico de Asonzeh Ukah, las organizaciones religiosas operan como centros de producción y transmisión de conocimiento. En un momento en que la sociedad africana está experimentando rápidos cambios en el terreno de la religión, Nigeria (sobre todo el sur, donde predomina el cristianismo) se postula como un caso excepcional donde la producción de conocimiento por parte de la Iglesia Cristiana Redimida de Dios (ICRD) se ha convertido en el segundo producto de exportación después del petróleo. Ukah considera que el “renacer” de la religión acontece sobre la base de un caldo de cultivo propio de un país en recesión económica, inestabilidad política, lastrado con una distribución de la riqueza escorada a porcentajes desgraciadamente manidos como que el 85% de la misma se haya en manos de un 5% de la población. Justo en este contexto medró una variante de neopentecostalismo. La nueva clase religiosa, formada por pastores y evangelistas universitarios se planteó generar un conocimiento que pudiera hacer frente o incluso controlar los procesos sociales, económicos y políticos. De resultas de la instauración de este nuevo orden religioso económico, ha calado la idea, más allá de la feligresía, de que es el conocimiento correcto de Dios y no la ciencia, la economía o la tecnología, quien socorrerá a la nación de sus penalidades (auxilio divino). Ukah nos recuerda que esta aspiración no pasa desapercibida al visitante que aterriza en Lagos y toma un taxi o sube a bordo de un autobús para desplazarse al centro de la ciudad. Compitiendo con marcas globales, políticos y empresarios que se promocionan en las vallas publicitarias, los anuncios relativos a la religión lucen contiguos como una opción más (única) de salir al paso de los problemas que azotan el país. Y no sólo se enuncia tal o cual pastor, sino que además se mercantilizan sus dones carismáticos exhibiendo el catálogo de sus servicios: curación, sanación, enriquecimiento, protección contra los espíritus malignos, etc.
El nacimiento del Nuevo Pentecostalismo de Nigeria acontece durante las tres últimas décadas del pasado siglo, de resultas de la guerra de Biafra (1967-1970) que, dejando al descubierto todas las miserias de un conflicto sangriento, allanó el terreno para la cosecha de cualquier teología que quisiera o pudiera sembrar esperanza en ese erial. Tras la guerra, la economía, al son del petróleo, alterna momentos de grandeza (se construyen escuelas, universidades, hospitales, si bien se topan con la problemática de falta de profesionales cualificados para conferir operatividad al servicio) con etapas críticas que concitan la intervención del FMI y del Banco Mundial. Mientras, la política engarza una sucesión de regímenes militares que tienen la particularidad de superar al anterior en negligencia. Aunque de carácter enteramente civil, el peor de todos los gobiernos ha sido el correspondiente al periodo 1996-2006, cuya administración ha conseguido perpetrar los peores estropicios en la sociedad, sumiendo al país en un estado aun más paupérrimo: Nigeria está muy por debajo en nivel de vida a Bangladesh y Haití.
Se puede afirmar, dado que “el alcance actual del sufrimiento y del hambre no tiene precedentes en la historia de Nigeria” que el neopentecostalismo se ha expandido a medida que las condiciones de vida y económicas empeoraban, gracias a un discurso que proporcionaba un nuevo tipo de conocimiento. Este discurso abunda en la promesa de riqueza sin precedentes, salud pública y prosperidad, garantizada por la divinidad. No en vano, Ukah se refiere a los jefes de esta nueva clase religiosa como empresarios religiosos. Éstos ponen el énfasis en la consecución de las cosas buenas de este mundo más que las que deparan un futuro lejano y remoto, o directamente el más allá. De todas las iglesias que reaccionaron a las crudas circunstancias socio-políticas, la ICRD se postula como la institución que mejor ha sabido interpretar el presente y abrirse un hueco en el mismo.
A la ICRD le han bastado sólo 50 años, eso sí, plagados de vicisitudes (Ukah nos muestra una panorámica de las alianzas y desavenencias entre iglesias a raíz de la independencia, de la rotura de lazos con la Sudáfrica del Apartheid) para convertirse en lo que es ahora. Su exitosa particularidad se debe a la esencia de su teología, que promete a sus miembros, por encima de cualquier otra consideración, riqueza y bienestar material. La eficacia de este mensaje ha catapultado esta iglesia desde su modesto nacimiento en el seno de los yoruba, a la posición de principal exportador de teología de África Occidental. Este crecimiento vertiginoso no puede entenderse sin la figura del reverendo Josiah Olufemi Akindayomi, primer propulsor de la ICRD. Antes de convertirse en predicador en Lagos, fue curandero y adivino (babalawo). Luego pasó por varias órdenes religiosas hasta que fue excomulgado por insubordinación. Hasta este momento, la ICRD, pese a su expectativa real de crecimiento insuflada por la labor de Olufemi Akindayomi, continuaba siendo una iglesia minoritaria, integrada por yorubas (de hecho los cultos se oficiaban en ese idioma) y caracterizada por una marcada renuencia a la modernidad (separación de hombres y mujeres), a la prosperidad, y a la limosna. Se prohibía a sus fieles desempeñar empleos relacionados con el alcohol, el tabaco o que se alistaran al ejército.
ICRD
Para rescatar a esta organización religiosa de su estado residual y elevarla a la categoría de iglesia más importante del continente africano, fue fundamental el empuje de Enoch Adejare Adeboye, que con 39 años sucedió en el cargo a Josiah Olufemi Akindayomi tras su muerte en 1981. Visto el resultado, hoy nadie discute que Enoch Adejare Adeboye accedió al liderazgo por mandato divino. Pese a su epígrafe de predicador, Asonzeh Ukah cataloga a Enoch Adejare Adeboye como el experto religioso y empresario de la religión más exitoso de Nigeria, epítetos que ya de por sí equiparan la religión con el dinero. Nacido en el seno de una familia humilde, polígama del sur de Nigeria, siguió su carrera académica hasta el año 1973, cuando “renació” después de someterse durante dos meses al adoctrinamiento de la ICRD. Dos años después se ordenó como pastor. Durante la primera década al mando de la organización, Adeboye introdujo un nuevo método de enseñanza (prédica) basado en el desarrollo individual por encima de otras consideraciones doctrinales más tradicionales. En efecto, el énfasis en la prosperidad fue considerado revolucionario en el seno del neopentecostalismo, y ocasionó una refundación del mismo con cambios notables como la “despenalización” de las colectas, cuando años antes estaba prohibida la limosna, así como la aceptación de ofrecimientos. En suma, Adeboye exhortaba a los fieles a que estableciesen una relación de intercambio con Dios.
A este flamante método le siguieron otras reformas capitales como la implantación de “parroquias modelo” en sustitución de “parroquias clásicas”. Las “parroquias modelo” eran modernas, cosmopolitas, afines a los medios de comunicación y los oficios se impartían en inglés; todo ello con el fin de ampliar el abanico del público potencial, y de pescar en otros caladeros sociales como el de las personas cultas, ricas o individuos en pleno ascenso social. Inevitablemente toda esta clientela más acomodada había de enriquecer a la iglesia. Los resultados de estos cambios no se hicieron esperar: de 39 parroquias en 1981, en una década aumentaron a 70.000 en 90 países. Y la transformación no tocó a su fin aquí, sino que Adeboye apostó por la internacionalización de su iglesia mediante estrategias a caballo entre el comercio internacional y el proselitismo. Cuando Ukah habla de exportación, se refiere a productos exportables como “los Holy Ghost Service (Oficios del Espíritu Santo), un programa de milagros y curación que dura una noche y concentra a más de 200.000 devotos, o el Congreso del Espíritu Santo, productos que tienen buena recepción en Europa, Norteamérica, Australia, etc.
holy gost
Mientras se extendía la influencia de la ICRD, Enoch Adejare Adeboye redondeaba su discurso con un diagnóstico sobre la realidad que todavía había de magnetizar un surtido abanico de sensibilidades hasta entonces reacias: sólo el conocimiento divino obtendrá la victoria sobre la hecatombe en que se encuentra sumido el país por encima de medidas económicas, o sociales del tipo que sean. Adeboye reducía los problemas de la gente a estas pocas categorías: la desgracia, la obsesión, la opresión, la posesión, la confusión, la distracción y el atraso. Además, su discurso redobló su resonancia con la inclusión de profecías anuales que lanzaba desde el púlpito vaticinando el curso de los acontecimientos, sobre todo los concernientes a la esfera política, esto es, los que afectaban al partido político de turno que ejercía el poder. De ello se colige que el conocimiento religioso tiene además (o sobre todo) fines políticos, con miras, sí, a la resolución de los problemas locales y nacionales, pero con aspiraciones universales. Toda la ambigüedad que quiera endosarse a esta delgada línea de actuación, se diluye con la constatación inequívoca de la vertiente mercantil de la ICRD, que la conduce a establecer alianzas con multinacionales (como Coca-Cola o Unilever, que se publicitan en sus cultos) a cambio de honorarios. Como sentencia Ukah, desde el punto de vista de esas corporaciones “El hecho de asociarse con la iglesia produce un capital simbólico de valor práctico”.
Pero los empresarios religiosos no se han contentado con divulgar este conocimiento desde arriba, desde el púlpito, sino que han promovido que éste se integre en los programas del sistema educativo para que las generaciones emergentes reciban instrucción desde su infancia. La doctrina del neopentecostalismo se enseña en guarderías, educación primaria y secundaria, academias profesionales, escuelas de misioneros y también en universidades. Ello significa que los pupilos licenciados asimilan una filosofía que vincula iglesia con mercado y predicación con rentabilidad. Estas escuelas se están expandiendo más allá de las fronteras de Nigeria, con campus universitarios en Kenia, Sudáfrica, Reino unido, EEUU y también Israel. Mientras tanto, la ICRD ha erigido un sistema de mercadotecnia, con venta de productos propios que potencian la difusión como DVD, CD con sermones de audio, una potente web, emisora de radio, un canal de televisión, más de 80 libros editados firmados por el propio Enoch Adejare Adeboye que se reimprimen constantemente, etc. Para dar salida a este catálogo de artículos venales, cada iglesia distribuida por el mundo deviene un punto de venta que satisface a la perfección la compra por impulso.

adeboye

Enoch Adejare Adeboye


4. ¿Quién controla las cuentas de la iglesia?
Omitiendo cualquier juicio de valor sobre la ICRD, en “Los pastores y la responsabilidad en el manejo de las finanzas en la iglesia pentecostal del África Occidental” (10), Asonzeh Ukah propone pautas encaminadas a exigir un control financiero de estas iglesias, emulando un modelo que se encuentra vigente en Europa (no en España), EEUU y Australia. Ukah se ampara en la razón (teórica) de ser de toda organización religiosa, que se puede resumir en pocas y claras palabras: las instituciones de caridad están orientadas a beneficiar al conjunto de la sociedad, y no a sus líderes. Por ello se les presupone que operan sin ánimo de lucro y se les concede la exención de impuestos. Apoyándose en estas prerrogativas, Ukah concluye que precisamente por ello deben ser susceptibles de auditorías y de control fiscal, pues la fiscalización sería el broche de la transparencia o, dicho de otro modo, la suma de la transparencia por parte de la institución religiosa y la fiscalización por parte de la administración estatal, fortalecerían la confianza y la cooperación. Sin embargo, buena parte las iglesias pentecostales africanas campan libérrimas en un vacío donde nadie escruta sus cuentas.
La radiografía de la realidad del neopentecostalismo en África es que se apoya en su mensaje de salvación, esperanza y prosperidad para conseguir objetivos pragmáticos. Ello se produce en parte porque no hay ninguna supraestructura que unifique la miríada de iglesias asociadas al movimiento pentecostal. Mientras que el mensaje doctrinal sí que aúna a todas las organizaciones, la estrategia de crecimiento (económico) de dichas iglesias, dispar y siempre subterráneo, bebe de los principios empresariales, basándose en que amasando más recursos y medios económicos, mayor es su potencial de supervivencia y su capacidad de atraer mayor número de acólitos. Debido a esta constatación, Ukah desestima los principios rectores ideales de toda organización religiosa y sume su análisis bajo otra demarcación: la política económica del pentecostalismo. Veamos los casos contrapuestos de Camerún y Nigeria.
En Camerún prevalece un paquete de medidas de control que regula toda organización religiosa que se preste a registrarse y a obtener reconocimiento legal. En este país, que se define estatutariamente como un estado secular, se presupone que cualquier organización religiosa tiene una finalidad dirigida a difundir su mensaje, al tiempo que no esconde propósitos económicos. Por ello, dichas organizaciones deben cumplir dos requerimientos: que lleven un control exhaustivo de su balance económico, y que lo hagan llegar a la administración a través de un informe financiero anual. El segundo es que los representantes o responsables deben entregar las cuentas o inventarios aun sin notificación previa. Ello genera fricciones por partida doble. Las instituciones religiosas se sienten amenazadas y desconfían de la finalidad de este control, en tanto que el Estado camerunés desconfía de la genuina labor programática de las iglesias pentecostales, a las que responsabiliza de causar graves perjuicios a la ciudadanía, o al menos, a algún sector de ella.
En las antípodas de Camerún, la Constitución nigeriana “garantiza la libertad de cultos y el derecho de profesar y difundir cualquier visión religiosa”. Básicamente, de ello se deriva que la religión no está controlada por el Gobierno, del mismo modo que el Gobierno no tiene preferencia por ninguna confesión. También es verdad que esta libertad no es extensible a todo el país. Sin ir más lejos, en los doce estados del Norte, se observa la Sharia (Ley islámica) desde 1999. A diferencia de Camerún, en Nigeria no existe ningún órgano regulador que supervise los desaforados recursos que manejan las organizaciones. Ni tampoco existen restricciones, por ejemplo, para limitar los foros donde puede o debe transmitirse el mensaje. Así, no es extraño que auditorios de universidades, espacios públicos, etc. acojan con frecuencia a pastores o congregaciones, diseminando propaganda religiosa en ámbitos donde no todo el mundo está dispuesto a prestar atención.
No es sólo que estas organizaciones deban ser reguladas en aras de la salud institucional. La cuestión capital es cómo la doctrina del dinero, y sobre todo las estrategias para obtenerlo, se ha convertido en piedra angular dentro del neopentecostalismo. Para sus líderes el dinero es tan primordial como para los accionistas de una corporación. Ellos defienden que el incremento material de sus seguidores es indisociable del crecimiento espiritual, pues las iglesias no fueron creadas sólo para dar cabida a las personas pobres que anhelan la salvación, sino también a las ricas que puedan aportar recursos (“Dar es adorar a Dios”) porque la donación de los mismos tiene como contrapartida la salvación y bendición de Dios, además de recompensas materiales y económicas. A los acólitos se les enseña que el dinero es un recurso, un valor como la virtud, buena por sí misma. Y la iglesia acopiará riqueza a través de la recepción de sumas efectuadas por los feligreses, y estos se enriquecerán precisamente como consecuencia de ese gesto. Aunque más turbia, otra fuente de obtención de recursos emana de los sucosos honorarios de los pastores evangelistas más mediáticos que viajan a EEUU, los cuales se encargan de paso de tender puentes trasatlánticos que les benefician más allá de lo económico, esto es, obteniendo relevancia dentro del circuito mundial Pentecostés, amén de celebridad y proyección internacional. A grandes rasgos, un predicador cobra una tarifa fija además de una comisión en función de los ingresos derivados de la asistencia o del evento en cuestión donde se celebre las prédica. Los pastores Uma Ukpai de Camerún, o Akwa Ibom de Nigeria cobran una minuta aproximada de 3250€ por conferencia. Sobre este asunto no existe controversia: “En todo trabajo hay ganancia”.
La economía neopentecostal basa toda su vinculación con el dinero en el verso bíblico Malaquías 3.8-10, que ordenaba al pueblo de Israel a aportar sus diezmos al templo como condición previa a la compensación por parte de Dios. A excepción de alguna iglesia aislada, que vincula exclusivamente la obligación del diezmo a los afiliados, el resto de iglesias admiten aportaciones o donaciones independientemente del credo del donador. Los predicadores no se han quedado aquí. Sugieren que el diezmo es simbólico, es decir, los contribuciones pueden y deben ser mayores y no siempre dinerarias. Se pueden aportar regalos, bonos, etc. Ni siquiera la enfermedad debe constituir una limitación para donar. Aun más, quien paga, experimentará antes una rápida recuperación. Si el diezmo es la primera fuente de ingresos, la “ofrenda es la segunda en importancia: “ofrendas financieras”, “ofrendas de agradecimiento”, “ofrendas de alianza”, son modalidades que apuntan a otra potencial y deseada feligresía: la que corresponde a profesiones liberales, profesores de universidad, hombres de negocios, o altos cargos de la administración. A éstos se los reconforta con una promesa mixta de recompensa, y de ascenso o promoción social ilimitado. Y, siguiendo patrones comerciales propios de la multinacionales, al feligrés se le muestra y recuerda con insistencia cuál es el perfil del candidato ideal: amigos o no que sufren una enfermedad, que estén pasando una mala temporada o que sean directamente marginados. Esto es, los miembros desempeñan la función de comerciales. Y, tanto la entrada de ingresos como de miembros, está sujeta a una práctica ya habitual de estas iglesias, que es su querencia por las estadísticas, las gráficas y las cifras al más puro estilo empresarial, siempre bajo el aura del crecimiento en todos los indicadores (feligresía, ingresos, etc.) como principio rector. El alcance de esta ambición sin límites ha conducido a estas iglesias a buscar adeptos más poderosos, como entidades financieras o aseguradoras. De hecho, varias iglesias (en Camerún y Nigeria) regentan bancos de su propiedad. La principal justificación es que los ahorros de los fieles no pueden ser administrados por infieles. Tan acusada y vital es la mercantilización de estas iglesias que algunos pastores han sido despedidos por falta de productividad, por fracasar en el cumplimiento de los objetivos de negocios establecidos a principios de año.
Ante este panorama, Ukah insiste en la necesidad de implementar mecanismos de control habida cuenta que estas iglesias no se detienen en la propagación doctrinal sino que operan como auténticas máquinas de generar recursos, cuya gestión y finalidad permanecen bajo un tupido velo. Ukah lo considera “una estrategia competitiva de captación de recursos del medio en que se mueven, en un mercado religioso denso”. Vale decir que esta opacidad no implica directamente la existencia de malversación, pero sí abre un interrogante en cuanto a la confianza y la transparencia pública. Un ejemplo de ello es que han aumentado los casos de escándalo financiero relacionados con estas iglesias. Un ejemplo contrario es la constatación del especialista David Maxwell (citado por David Martin) que “señala que cuando el pentecostalismo surge sobre un telón de fondo de violencia política como en Uganda, Mozambique, Zimbabwe y Sudáfrica, resocializa a los jóvenes con maneras y costumbres pacíficas”.

NOTAS

(1) Richard Dawkins, “El espejismo de Dios”, Espasa (2006). El eminente teórico evolutivo y divulgador más célebre del Reino Unido ha protagonizado en los últimos años un acalorado debate entre ciencia y religión, ensalzando mensajes como: “Los ateos pueden ser felices, equilibrados, morales e intelectualmente satisfechos; La selección natural y teorías científicas similares son superiores a hipótesis basadas en Dios — como la falacia del diseño inteligente — en lo que se refiere a la explicación del mundo vivo y el cosmos; Los niños no deben ser etiquetados por la religión de sus padres. Términos como «niño católico» o «niño musulmán» hacen que la gente retroceda; Los ateos deben estar orgullosos y no compungidos, debido a que el ateísmo es una prueba de tener una mente saludable e independiente; Los ateos pueden ser felices, equilibrados, morales e intelectualmente satisfechos”.

(2) Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, “Dialéctica de la Ilustración”. Editorial Trotta (2009)

(3) Peter L. Berger (Profesor de Sociología en la Universidad de Boston y Director del Instituto de Estudio Cultura Económica.). “Las religiones en la era de la globalización “, Globalización y religión, 2006.

(4) David Martin, “¿Otra forma de revolución cultural?”, Revista de Libros, 146 (Febrero, 2009).

(5) Asonzeh Ukah. “African Chritianities: Features, Promises and Problems”. Institut für Ethnologie und Afrikastudien, 2007

(6) Ignacio R. Mena Cabezas. “El ascetismo pentecostal gitano y la gestión corporal. Una aproximación desde la antropología del cuerpo”. Atenea Digital, núm.13:1-26 (primavera 2008)
Ignacio R. Mena Cabezas. “La fe en el cuerpo. La construcción biocorporal en el pentecostalismo gitano”. Revista de Antropología Experimental. Nº 7, 2007.
Ignacio R. Mena Cabezas. “Sobre dones carismáticos. Una aproximación a la glosolalia y la liberación de espíritus en los cultos pentecostales gitanos”. http://www.ugr.es/~pwlac/G19_20Ignacio_Mena_Cabezas.html

(7) John F. Pollard. “El Vaticano y sus banqueros. Las finanzas del papado moderno 1850-1950”, Melusina (Enero, 2007). En este libro se analizan las actividades económicas del Vaticano y se denuncia su vocación lucrativa, así como, por ejemplo, sus demandas de crédito a miembros destacados de la comunidad judía, incurriendo en el delito de usura que la doctrina prohíbe.

(8) Asonzeh Ukah – A New Paradigm of Pentecostal Power – The Redeemed Christian Church of God in Nigeria, New Jersey & Asmara: Africa World Press/Red Sea Press, 2008
Asonzeh Ukah – The Redeemed Christian Church of God (RCCG), Nigeria – Local Identities and Global Processes in African Pentecostalism, Doctoral Thesis, http://opus.ub.uni-bayreuth.de/volltexte/2004/73/pdf/Ukah.pdf., University of Bayreuth, 2003
Asonzeh Ukah – Poster Publicity and Religious Proselytization – A Study of Pentecostalism in Ibadan, M.Sc. Dissertation, University of Ibadan, Nigeria, 1999
Asonzeh Ukah- Religion and Mass Media – A Sociological Perspective, M.A. Dissertation, University of Ibadan, Nigeria, 1997
Asonzeh Ukah -Religion and Truth-Telling – A Christian Perspective, B.A. Project, University of Ibadan, Nigeria, 1994

(9) Asonzeh Ukah. Los Expertos en religión Y La Producción de Un Conocimiento (Religioso) Translocal – El Caso De La Iglesia Cristiana Redimida De Dios (RCCG), Nigeria, in: Antípoda, Número 2, 2006, Enero – Junio: 179-207

(10)Asonzeh Ukah. “Los Pastores Y La Responsabilidad En El Manejo De Las Finanzas en La Iglesia Pentecostal Del África Occidental”, Antípoda, Número. 6, 2008, Enero-Junio: 41-70

Otras referencias

– Mónica Cornejo Valle. “El debate actual sobre pentecostalismo”, Política y Sociedad, 37 (2001), Madrid (pp. 151-160)
– Mathew S. Bothner. “El soplo del espíritu: perspectivas sobre el movimiento pentecostal en Chile”. Estudios Públicos, 55 (invierno, 1994)
– European Research Network on Global Pentecostalism (GloPent): http://www.glopent.net/

* Oscar Escudero es miembro del equipo de redacción de Africaneando.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: