África, la basura, tú y yo

Fernando Zarco Hernández*
untitled

Mamá África está descuidada -por no decir un improperio-. Una de las muchas manifestaciones de este hecho es la basura. Hay mucha basura en las calles. Se cae de la mano al suelo con una facilidad extraordinaria. ¿Eso significa que los africanos son sucios? La respuesta es más compleja que tachar a los habitantes de este continente de incivilizados o salvajes, como se ha venido haciendo ya desde hace algunos siglos. Tiene que ver con la revolución industrial, la producción en serie, el exceso de uso del plástico, la falta de gestión de desechos, la deuda externa, la corrupción, la hipocresía de la ayuda al desarrollo… entre otras cosas.
Un profesor de purépecha, la lengua de los habitantes colonizados de la región donde nací, explica el exceso de basura en sus comunidades por el hecho de que antes de la industrialización los desechos eran orgánicos, no eran basura, simplemente podían desintegrarse en el campo y por eso se les tiraba sin ningún remordimiento de conciencia, costumbre que sigue intacta, aunque la materia prima de los desechos no. Para mí tiene sentido, junto con muchos otros factores. Las cáscaras de plátano y de cacahuate son ahora envolturas de plástico al mayoreo. En cantidades industriales, literalmente. Ahora la basura es basura. El reciclaje ayuda, pero no es suficiente. Peor aún, el reciclaje contribuye a que el sistema salvaje económico actual se perpetúe, un sistema que habla de salvar el mundo de la contaminación, mientras produce envolturas de vidrio y plástico al por mayor, muy útiles para empaquetar escrupulosamente los alimentos que consumen los países del norte – no vaya a ser que les entre un bicho en su fortaleza geográfica -, mientras en África hay que comprar los productos básicos a cuentagotas, porque escasea el dinero, y cada uno viene envuelto en un paquetito de plástico o en un trozo de papel, que multiplicado por cada familia, por cada persona, por cada producto, por cada viaje a la tienda de la esquina o al puesto callejero, tenemos como resultado aritmético basura por la calle en cantidades estratosféricas.
Hasta aquí, estamos considerando solamente el consumo de los productos básicos, lo cual es un parámetro muy modesto, haría falta tomar también en cuenta el salvaje y depredador sistema de inequidad material, que utiliza propaganda para incitar a todos a que sigamos consumiendo y generando más basura, que exhibe productos tecnológicos o de lujo cual atractivas panaceas por televisión, radio, anuncios espectaculares y publicidad en papel (que por cierto también termina en el suelo). De modo que quienes puedan comprarlos tendrán que tirar los múltiples y engorrosos embalajes en los que viene envuelta la maravilla que acaban de adquirir, incluyendo el manual de uso, para que el resto utilicen las cajas y bolsas desechadas para guardar los paquetitos de productos que venden para poder sobrevivir, o envolviendo cacahuates con las hojas del manual, con la esperanza de que al seguir participando en el juego del consumo, con suerte algún día le ganan la carrera al avance tecnocientífico y se pueden comprar la última maravilla.
Y aún así, el análisis está incompleto. Hace falta decir que muchos de estos productos, están fabricados gracias a las materias primas compradas a precios de risa y mano de obra barata de los países empobrecidos, corrupción de por medio, y procesadas en las industrias de los países enriquecidos, que casualmente son los mismos que han explotado y colonizado a los primeros. Una vez terminados los productos, se venden a precios desorbitantes, y quienes más consumen son los ciudadanos de los países empobrecidos que quieren estar al día para que luego no digan que son pobres, mientras los ciudadanos de los países enriquecidos encuentran cada vez más de moda volverse menos consumistas y más naturalistas, ecologistas, vegetarianos, hacer yoga o ir al grupo de ayuda mutua para relajarse, que no está mal, está incompleto. Hace falta una perspectiva más amplia de lo que sucede.
Por tanto, a la hora de emitir un juicio acerca del exceso de basura en África, a la hora de buscar soluciones a este problema, o la hora de enviar ayuda para solucionarlo, hay que pensar en todas estas condiciones históricas, políticas, sociales, económicas… antes de afirmar categóricamente que los africanos son sucios, salvajes o incivilizados, o más benevolamente, que están urgentemente necesitados de ayuda. No digo que en África todos sean inocentes, digo que ya bastante han pagado por los errores de este mundo, como para seguir achacándoles toda la responsabilidad, digo que ya basta de juzgar siempre negativamente a este continente, mientras el resto del mundo es muy bueno, tan bueno que hasta envía a veces ayuda a África para que resuelva los problemas que tiene, como si fueran solo de ella, como si le sirviera de mucho la supuesta ayuda al desarrollo, que es mucho menor que el monto de la deuda externa que deben pagar los países empobrecidos a los países enriquecidos, generada por la corrupción y el abuso. Vaya, eso sí que es basura. Lo sucio, incivilizado y salvaje es el sistema dominante de producción y consumo que genera tanta basura, donde África es el basurero… y del que todos formamos parte.
*Fernando Zarco Hernández es miembro del equipo de redacción de Africaneando.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: