Los derechos humanos como límite a la brujería africana

Ana Dols García*
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La brujería es real para los que creen en ella. Por tanto no es bueno buscar argumentos para desvalorizarla o fingir que no existe (1) . Ahora bien, el hecho de que la creencia en brujería esté amparada por el derecho a la libertad religiosa, no es óbice para que se exija que ésta sea practicada en coherencia con los derechos humanos. Ya que si bien la creencia en la brujería no es necesariamente problemática, sí lo son algunas acciones que se llevan a cabo como consecuencia de ella.

Concepto y caracteres de la brujería

Desde nuestra mirada occidental no es fácil entender el complejo fenómeno de la brujería. El primer impedimento es el propio término “brujería”, pues se trata de un término demasiado global, univoco y peyorativo (2). En ese aspecto las lenguas africanas son mucho más ricas, disponiendo de múltiples términos para referirse a la brujería, diferenciando también, la brujería “buena” y la “mala”. Una segunda dificultad es definir la brujería, ya que bajo ese término se engloban creencias y prácticas diversas que se han manifestado en diferentes épocas y lugares (3) . Si bien es cierto que ciertas prácticas se repiten a lo largo de un país e incluso coinciden en países diferentes, cada etnia, cada zona geográfica tiene sus manifestaciones propias de la brujería.

Ahora bien, pese a que cada práctica de brujería presenta rasgos particulares, podemos hallar una serie de patrones que se repiten en aquellas personas que creen y practican la brujería. Ronald Hutton ha extraído cinco caracteres que coinciden en toda práctica: los brujos utilizan medios no físicos para causar el mal a los otros; las víctimas suelen ser parientes o vecinos; la sociedad desaprueba esos actos; los actos de brujería se inscriben en tradiciones antiguas; un individuo puede resistir a los brujos mediante amuletos, la disuasión o la persuasión.

La brujería puede definirse como el conjunto de creencias estructuradas y compartidas por una población tocando el origen de las desgracias, de la enfermedad o de la muerte y el conjunto de prácticas, de terapia y de sanciones que corresponden a esa creencia (4). Aunque su definición no es pacífica. En lo que sí parecen coincidir muchos autores es que la brujería es un invariante humano que adquiere en cada lugar y cultura una forma particular. Para los africanos la brujería es una manera de entender el mundo. La creencia en brujería permite dar un sentido a las desgracias que les afectan, responde a la pregunta ¿por qué a mí? (5)

Se pensaba que el desarrollo, la urbanización, la escolarización y la cristianización harían desaparecer la brujería, sin embargo la situación actual demuestra lo contrario. Lejos de pararse estas formas de representación colectivas se han mantenido, transformado y adaptado a las realidades contemporáneas (6) . Se constata un recrudecimiento de la brujería en África Subsahariana pues, pese a que difícil decir si hay un aumento de la brujería, está claro que cada vez se manifiesta de manera más pública (7). No es raro encontrar en los diarios africanos noticias como “Brujería: Una anciana “aterriza” sobre un techo en Yaoundé ” (8), “Las muertes de albinos continúan en Tanzania y Burundi ” (9) o “Insólito: Un hombre se pelea en pleno día con un fantasma en un pueblo cerca de Tchibanga” (10).

Sin entrar en la discusión sobre si la brujería es una manifestación de la irrupción de lo moderno en África o un síntoma de una vuelta regresiva a lo tradicional; lo cierto es que en esta nueva etapa la bujería ha dejado de ser un sistema ritualizado, monopolizado por unos especialistas y destinado a restaurar la armonía social para convertirse en una causa de desestructuración social y familiar. Sin caer en la idealización del pasado (la brujería también causaba males), podemos afirmar que en otras épocas había un equilibrio entre las fuerzas del orden (“brujos buenos”) y las del desorden (brujos malos) que permitía la coexistencia entre los ciudadanos. Hoy ese equilibrio está roto (11).

Por último destacar que la brujería no se restringe a zonas rurales. Desde los años 90 los estudios de brujería se han dirigidos también a las ciudades para señalar la extraordinaria vitalidad de la brujería en el interior de las instancias más modernas de las sociedades africanas (12).

Creencia amparada en el derecho

Tanto la Carta africana de derechos humanos como el Pacto de derechos civiles y políticos, ratificado por todos los estados africanos a excepción de las Islas Comoras y Santo Tomé y Príncipe, reconocen la libertad religiosa.

Está ampliamente reconocido que la libertad de pensamiento, conciencia y religión que garantiza este artículo incluye el derecho a sostener una creencia que puede ser considerada como un sistema filosófico más que como una religión establecida (13). Así lo entendió el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas que defendió en 1993 que la libertad de religión o creencias no se limita en su aplicación a las religiones tradicionales o a las religiones y creencias con características o prácticas institucionales análogas a las de las religiones tradicionales. Se protegen por tanto las creencias teístas, no teístas y ateas así como el derecho a no profesar ninguna religión o creencia (14).

No sólo está reconocida la libertad de creer en la brujería, sino también la libertad de manifestar esa creencia, en público o privado, mediante la celebración de rituales y prácticas. Ahora bien, no todos los derechos reconocidos por los tratados de derechos humanos son absolutos. En el caso de la libertad religiosa los límites estipulados por el Pacto son “la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos, o los derechos y libertades fundamentales de los demás”. Por tanto, cabe establecer límites respecto a algunas manifestaciones públicas específicas de la brujería, sobretodo cuando entra en colisión con otros derechos fundamentales. Ahora bien, estos límites deberán estar justificados, ser recogidos en una ley y ser proporcionales al daño que causan.

Prácticas de brujería contrarias a los derechos humanos

Podemos clasificar en tres grupos distintos las prácticas derivadas de la creencia en la brujería que atentan contra algunos derechos humanos.

En un primer grupo están las agresiones (muertes, enfermedades, desgracias) que se cometen contra otras personas mediante la brujería, es decir, sin que medie contacto físico (15). Este tipo de agresiones difícilmente pueden considerarse violaciones de derechos humanos, pese a que sea una actitud reprochable para los creyentes en la brujería.

En un segundo grupo se encuentran las agresiones físicas que se cometen contra aquellas personas sospechosas de haber cometido actos de brujería. Se trata de actos de « contrabrujería » mediante agresiones directas y visibles como violencia física, insultos, juicios, encarcelamientos, etc. Dentro de este grupo se sitúan las acusaciones de brujería y el consecuente delito de brujería existente en algunos países africanos como la República Centroafricana, Camerún o Gabón.

En un tercer grupo situaríamos las violaciones de derechos que se cometen mediante la realización de rituales de brujería, bien sea por las prácticas que se efectúan para realizar los ritos mágicos como es el caso del uso de partes del cuerpo de personas albinas o los rituales que se realicen sobre una persona para obtener algo de ella, como es el caso de los rituales que se realizan a mujeres para obligarlas a prostituirse.

En este artículo nos centraremos únicamente en las acusaciones de brujería y los actos de “contrabrujería” que se derivan de esas acusaciones.

Las acusaciones de brujería

Las acusaciones de brujería han sido siempre las manifestaciones más visibles de la creencia en brujería (16). Sin embargo, la naturaleza de las acusaciones han variado de manera significativa. Tradicionalmente en las acusaciones no se nombraba a una persona concreta y , en caso de que se hiciera, la acusación pública no iba acompañada de violencia. Actualmente las acusaciones públicas de brujería van seguidas de múltiples formas de violencia, que van desde la expulsión del hogar hasta torturas, daños físicos o muertes. En todo caso hay que entender estas manifestaciones violentas dentro de un contexto determinado. La situación de pobreza generalizada, las crisis políticas y los conflictos, los fuertes cambios socio-económicos y la desilusión actual tras las expectativas que se crearon en torno a la independencia han creado una situación de desconfianza hacia al Otro, además de, siguiendo las palabras del antropólogo Adam Ashforth, una intranquilidad espiritual que favorece las acusaciones de brujería.

Para entender bien la complejidad de las acusaciones de brujería es necesario, en primer lugar, diferenciar entre brujos y nganga. Tradicionalmente los poderes místicos pueden perseguir dos objetivos diferentes: el bien o el mal; siendo el brujo aquel que utiliza sus poderes para realizar el mal, mientras que el curandero (nganga) los usa para realizar el bien. Ambos se diferencian, además de por el destino de sus poderes, por su grado de aceptación por parte de la comunidad. Los brujos son presentados como personas al servicio del mal causantes de las miserias y desgracias que ocurren a su alrededor. Los nganga son, por el contrario, altamente valorados y respetados (17).

En segundo lugar, es necesario entender bien el proceso de acusación, para lo cual es necesario diferenciar entre sospechas y acusaciones. En un primer momento existen simplemente rumores sobre la posibilidad de que una persona se dedique a las prácticas de brujería, emergiendo al debate público o en acusaciones sólo en tiempos de tensión. Por tanto, en el caso de sospecha, la acusación de brujería no se manifiesta enteramente sino que es en el momento en el que una desgracia se produce cuando las sospechas se transforman, gracias a un proceso de designación de una víctima emisaria, en acusaciones (18).

Los signos e indicadores exteriores que determinan la acusación popular de brujería son variables. Puede tratarse de un suspiro, un silencio, una irritación designada como mala o una palabra pronunciada en la que se reconoce una intención o un pensamiento malo (19). Pueden ser visitas a un enfermo o, al contrario, el rechazo a visitarle. También los sueños son un medio comúnmente extendido de identificación de brujos. Un enfermo, por ejemplo, puede ver a aquel que es presumiblemente su agresor en sueño.

Generalmente las personas acusadas de brujería responden a un patrón determinado. Suelen ser personas vulnerables, que se encuentran de alguna manera fuera de la población o suponen una carga para ella. Son personas social, física, económica o moralmente débiles como es el caso de los ancianos, las mujeres (generalmente viudas o sin la protección de un hombre), personas con alguna discapacidad o, más recientemente, niños.

a) Personas empobrecidas Todos los estudios sobre las acusaciones de brujería destacan el hecho de que las mismas sólo recaen en personas pobres o en situación de vulnerabilidad. Este hecho contrasta con la vinculación existente entre brujería y poder.

El origen desconocido de sus nuevas fortunas y situación privilegiada sitúa rápidamente a la élite en el ámbito de la brujería (20), ya que en muchas ocasiones la población explica el aumento económico y de poder de una persona por la intermediación de la brujería, sobretodo cuando la mejora de situación se ha realizado de forma rápida. Incluso en muchas ocasiones lo políticos africanos acrecientan estos rumores porque consideran estas creencias un excelente arma para controlar y manejar a las masas. Pese a ello las personas con una buena situación económica o política no son las acusadas de ejercer la brujería sino las personas que viven en una mayor situación de pobreza. Se cree que estas personas, movidas por la envidia de la posición de los pudientes, realizan brujería contra ellos.

b) Mujeres Las mujeres son en mayor medida objeto de las acusaciones de brujería, como así lo confirmó el relator especial de la violencia contra la mujer en Naciones Unidas en su informe de 2002, donde señaló la brujería como una de las causas de violencia contra las mujeres.

Según la presidenta de la Asociación de Mujeres Abogadas Centroafricanas , Edith Douzima- Lawson, la incriminación de la mujer como bruja es una cuestión de género que encuentra sus orígenes tanto en factores endógenos de la mujer como en factores exógenos vinculados a la costumbre y la tradición (21). Dentro de los factores endógenos incluye el hecho de que las mujeres generalmente hablen más, sean más criticonas, curiosas y temperamentales o tengan más cambios de humor . Además a las mujeres se las considera a menudo más susceptibles y se les critica el que no posean autocontrol sobre sus sentimientos. A esto se une el hecho de que las mujeres tienen índices más altos de analfabetismo y mayor desconocimiento de sus derechos, además de estar más golpeadas por la pobreza.

Como factores exógenos, Douzima señala que los prejuicios vinculados al sexo confieren a la mujer un estatus inferior, siempre relejada a un segundo plano. Esto conlleva que la mujer siempre sea considerada la causa de los problemas ya sea porque el matrimonio no puede tener descendencia o porque uno de los hijos tiene un comportamiento anormal. Especial situación de vulnerabilidad sufren las viudas.

c) Personas ancianas La posición de las personas ancianas en la comunidad, tradicionalmente basada en el edad y la sabiduría, se ha visto empeorada por la urbanización y las migraciones, propiciando los abusos y la negligencia de las personas mayores por parte de sus familiares (22).
A título de ejemplo, se estima que aproximadamente el 80% de las victimas de brujería en Tanzania fueron mujeres y la media de edad está entre 50 y 60 años (23), una edad avanzada para Tanzania. Incluso el año pasado un nutrido grupo de mujeres ancianas se manifestó en la capital de Burkina Faso denunciando la situación en la que viven a causa de las acusaciones de brujería. Como bien denunciaba una de las ancianas en su discurso “En la vejez toda mujer desea vivir con sus hijos y sus nietos. Nosotras, las mujeres de Burkina Faso, no tenemos ese derecho »(24)
“Cuanto mayor es un brujo más potente es su poder y menos escrúpulos tiene para utilizarlos”, escribió el antropólogo Evans- Pritchard sobre los azandé (25). Esta es una de las principales razones por las que tradicionalmente las personas ancianas han sido las más perseguidos. No es, sin embargo, la única causa. Para la organización HelpAge Internacional estas acusaciones no son más que un pretexto para deshacerse de aquellos que ya no son considerados económica o biológicamente productivos para el hogar. Además hay otros factores sociales y comunitarios como el debilitamiento de los vínculos estrechos entre las generaciones de una misma familia, causado por la emigración del campo a la ciudad y la mayor instrucción formal y la pérdida, provocada por la modernización, de la tradicional función ritual y de arbitraje familiar de las personas mayores (26).

d) Menores de edad. Niños-brujo Si bien tradicionalmente eran los ancianos los destinatarios de estas acusaciones, desde los años 90 las acusaciones de brujería contra menores de edad han incrementado espectacularmente, especialmente en las zonas urbanas de Angola, la República Democrática del Congo (RDC) y el sur de Nigeria.

El origen de este nuevo fenómeno de los niños-brujo se debe a múltiples factores. Por una parte hay factores sociales como el final de la solidaridad africana, unido a la ruptura de los vínculos familiares y la pérdida de autoridad paternal. Las relaciones tradicionales basadas en la autoridad del mayor sobre el menor se están transformando en relaciones de autoridad del rico sobre el pobre. La ciudad, el trabajo remunerado, el capitalismo y el consumismo han roto, por tanto, las estructuras familiares y sociales tradicionales (27). Como apuntan varios autores (Cimpric, Ballet, Dumbai) esto afecta a las relaciones padres-hijos en dos aspectos fundamentales. Por una parte, los padres no pueden colmar todas las necesidades de sus hijos, por otra muchos menores consiguen ganar más dinero que sus progenitores, cuestionando así la autoridad de los padres y comenzando graves problemas entre padres-hijos.

El surgimiento de los niños- brujo también se explica en base a factores económicos ya que, aunque en el pasado los niños eras una garantía de prosperidad económica, actualmente son considerados una carga extra para la economía familiar. En todo caso, la pobreza no es la única explicación ya que hay familias con recursos suficientes que también acusan a los niños de sus desgracias, sin olvidar que los costes de los rituales de contra-brujería son muy caros (28).

Justamente el surgimiento de iglesias pentecontistas y pertenecientes a movimientos proféticos y sus rituales de contra-brujería están jugando un importante papel en el incremento de las acusaciones contra menores. El Ministerio de Asuntos Sociales de la RDC estima que unos 50,000 menores están siendo objeto de exorcismos y rituales en estas iglesias (29).

También existen otros factores como la existencia de más número de huérfanos debido tanto a los conflictos armados como a enfermedades como el VIH/SIDA, que sitúa a los niños en una situación más vulnerable y desprotegida.

Violaciones de derechos derivadas de las acusaciones

Las acusaciones de ejercer la brujería siempre vienen acompañadas de violaciones de derechos humanos, que se manifiestan en tres momentos diferentes.

En primer lugar, el simple hecho de ser acusado de brujería supone un grave atentado contra la dignidad de la persona por la discriminación y estigmatización que provoca en el acusado.

En un segundo momento surgen las primeras consecuencias tras la acusación, es decir, los actos violentos. La pasión que crean las acusaciones de brujería conduce en muchas ocasiones a la justicia popular, por lo que el maltrato físico y las torturas para que confiesen sus crímenes son algunas de las consecuencias de las acusaciones de brujería. Incluso algunos son apedreados, quemados o asesinados. Además se cometen abusos psicológicos debido a la violencia verbal e insultos que se lanzan contra los supuestos brujos. Se realizan además rituales sobre los considerados brujos que incluyen gritos y humillaciones. Otras veces la intervención de los propios jefes de barrio evita los linchamientos al conducir a los sospechosos de brujería a las dependencias policiales para garantizar la seguridad e integridad física del propio acusado. El problema es que la propia policía también suele compartir las acusaciones de la multitud y son frecuentes los abusos, bien sea de forma activa (violencia) o de forma pasiva (no ofreciéndoles alimento). Además surge el problema de qué hacer con los acusados posteriormente ya que la prisión no es un lugar de protección sino de punición. En algunos países estas acusaciones pueden suponer la apertura de procesos judiciales.

En un tercer momento situamos las consecuencias derivadas de la acusación de brujería y de la violencia ejercida contra las personas consideradas brujas ya que estos hechos causan traumas y problemas de salud mental a largo término (30). Todas las agresiones y el estrés provocado por la acusación de brujería provoca daños físicos graves así como serios traumas psicológicos que pueden llevar a depresiones, falta de confianza en uno mismo, falta de autoestima… En el caso de los menores, son frecuentemente abandonados. Al vivir en la calle los menores dejan de recibir educación y cuidados sanitarios además de ser más propensos a caer en redes de tráfico infantil, ser víctimas de abusos sexuales y prostitución, caer en las drogas, realizar trabajos ilegales o sufrir la violencia cometida por las autoridades (31). Las mujeres también quedan en una situación de desprotección, especialmente las ancianas, que se ven obligadas a abandonar sus hogares y comunidades por temor a volver a sufrir agresiones.

Como vemos, los abusos y violaciones de derechos que se están cometiendo a causa de las acusaciones atentan gravemente contra los derechos de otras personas, por lo que estas acciones no pueden estar en ningún caso amparadas por el derecho a la libertad religiosa. Es necesario, por tanto, encontrar la forma adecuada de compatibilizar la creencia en brujería con los derechos humanos. Cuestionarse y modificar algunas de las manifestaciones de la brujería no implica la negación de la misma ni una necesaria ruptura con la tradición. Es, por el contrario, la única manera de reivindicar una creencia legítima a la que los abusos e incoherencias con los derechos humanos están deslegitimizando.

Notas
1 Schnoebelen, Jill Witchcraft allegations, refugee protection and human rights: a review of the evidence, New Issues in Refugee Research Research Paper no.169, enero 2009
2 De Rosny E .Justice et sorcellerie en Afrique, Études 2005/3, Tome 403, p. 171-181.
3 Rapport du Rapporteur spécial sur les exécutions extrajudiciaires, sommaires ou arbitraires, Philip Alston. Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas A/HRC/11/2 27 mayo 2009
4 AA.VV Justice et Sorcellerie , Cahier de l´UCAC nº 8-10 , 2003-2005 Ediciones Karthala
5 Schnoebelen, J.
6 AA.VV Justice et Sorcellerie
7 Geschiere, P Sorcellerie et modernité : retour sur une étrange complicité Politique africaine n° 79 – octobre 2000
8 Sorcellerie: une sexagénaire “atterit” sur un toit à Yaoundé”, Yaunde, 26 enero, 2011, Cameroon Tribune
9 Les meurtres d´albinos se poursuivent en Tanzanie et au Burundi, 6 mayo 2010 http://www.afik.com
10 Insolite: Un homme se bat en plein tour avec un fantôme dans un village proche de tchibanga!, Agencia Gabonesa de Prensa, 09-02-2009
11 De Rosny E.
12 Tonda, J y Bernault, F. « Dynamiques de l´invisible en Afrique » , Cahiers d’études africaines, nº 189-190 Territoires sorciers
13 Souto Galván, Esther, El reconocimiento de la libertad religiosa en Naciones Unidas, Ed. Marcial Pons, 2000 Barcelona
14 Comentario general número 22 (48) (art 18) 1, aprobado por el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas el 20 de julio de 1993
15 AA.VV, Justice et sorcellerie
16 Cimpric, Aleksandra Les enfants accusés de sorcellerie. Etude anthropologique des pratiques contemporaines relatives aux enfants en Afrique, Unicef, Dakar, abril 2010
17 Belombo Yombi, A. La Repression de la Sorcellerie dans le Code Penal Camerounais: le cas du Kong dans le Ntem. Jahrbuch Fiir Afrikanisches Recht, Band V. 3-12. C. F. Heidelberg: MfillerJuristischer Verlag 1984.
18 AA.VV Sorcellerie et Justice en Republique Centrafricaine Acte du colloque de l’Université de Bangui 1er et 2 août 2008 Revue Centre-africaine d´anthropologie nº2 2008
19 idem
20 Geschiere, P “Sorcellerie et politique: Les pieges du rapport elite-village.” Politiques Africaines 63: 82-97
21 AA.VV Sorcellerie et Justice en Republique Centrafricaine
22 No country for old women, versión de un artículo de Jemma Neville, publicado en Helpage
23 Schnoebelen, J.
24 Paquita Reche, Ancianas excluidas de la sociedad denuncian y reclaman, publicado en Fundación Sur
25 Cimpric, A.; los azande son un grupo étnico que habita principalmente en el norte de la Rep. Democrática del Congo, en el sudoeste de Sudán y en el sureste de la Rep. Centroafricana.
26 Organización Panamericana de la Salud, Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud,  Informe mundial sobre la violencia y la salud. Washington, D.C., 2003
27 Cimpric, A.
28 idem
29 Aguilar Molina, Javier. The Invention of Child Witches in the Democratic Republic of Congo: Social cleansing, religious commerce and the difficulties of being a parent in an urban culture, Save the Children (2006)
30 Afruca, What is witchcraft abuse?
31 Cimpric, A.

*Ana Dols García es colaboradora de Africaneando. Licenciada en derecho, ha residido en la República Centroafricana y ha escrito para diversos medios y centros de estudios

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