Entrevista a Jacques Depelchin a propósito de su libro “Por una recuperación de la historia africana. De África a Haití a Gaza”

Dídac P. Lagarriga*
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Contraportada del libro:

El hecho de reivindicar la historia de África no es fruto únicamente de una iniciativa humanista: sin esta historia, sin sus protagonistas individuales y colectivos, la humanidad no está completa.

Jacques Depelchin es un buscador nato de esa fidelidad al ser humano en todo su esplendor, un vínculo íntimo que nos hace tomar conciencia de los hilos que van tejiendo historias silenciadas, mancilladas o tergiversadas con el propósito de hacernos olvidar. Frente a la amnesia, el historiador congoleño repite, una y otra vez, que sin los fieles a la humanidad nada tiene sentido. Nada es.

África se desborda y su historia cuenta con un elenco de resistencias que, en ocasiones, forjaron crisoles ejemplares donde continuar con esa fidelidad. La emancipación del ser humano y su movimiento libre en torno al amor y la justicia dieron Haití. Dieron los quilombos brasileños. Dieron la fuerza de Kimpa Vita. Dan el sueño que gesta la lucha por una vida digna en los suburbios africanos, en los movimientos y foros sociales, en las tierras indígenas, en Gaza.

-Recuperar la historia africana para reforzar la fidelidad a la humanidad es una premisa que recorre todos los capítulos de tu libro. Desgraciadamente, parece que esta no es una prioridad, incluso para los propios historiadores…

-Como disciplina académica, la historia se ha amoldado para encajar las necesidades de los que se consideran a sí mismos vencedores. Si la historia se entendiera como informe, memoria, espejo de lo que ha ocurrido durante el tiempo y el espacio, entonces probablemente no aparecería como una historia de los vencedores.
O, para decirlo de forma más correcta, los vencedores aparecerían en ella de forma diferente a como se presenta habitualmente a los que hoy día dominan el mundo y que buscan, por todos los medios, continuar en esta posición. ¿Entienden los vencedores el precio que hemos pagado por su historia de dominación? ¿Entienden los vencedores que, tarde o temprano, su bando perderá?
¿Entienden los historiadores (no sólo los historiadores de África) lo que está en juego? En su interesante libro “Storytelling”, Christian Salmon señala en un fragmento del libro que “el enemigo es la historia”. Su obra intenta examinar cómo la “narración de la historia” (por ejemplo en las narrativas para impactar emocionalmente) se ha convertido en una poderosa herramienta para imponer su deseo. Explica cómo la narración histórica se emplea en las escuelas de negocios o en campañas políticas (la campaña de Obama o la estrategia de Sarkozy para imponer su concepción del pasado, presente y futuro de Francia). Tiene un fragmento muy interesante titulado “Una historia del silencio. De todos modos, aunque se sitúa bajo la tutela de Foucault, no insiste que el proceso silenciador convertido en el distintivo de la revolución industrial del siglo XIX forma parte de un proceso mayor de silenciar a los pueblos conquistados/esclavizados.
Desgraciadamente, Christian Salmon no va demasiado lejos. De lo contrario, vería que la “narración histórica” no es nueva. Basta con observar las narrativa europeas sobre la esclavitud: no están escritas desde la perspectiva de aquellos que fueron marginados, torturados, violados y masacrados en el proceso de imponer el deseo de esclavistas y colonos.
Si tomamos estos dos importantes procesos históricos (esclavitud y colonialismo) queda claro, hasta hoy en día, que el impacto ni se ha evaluado ni, por consiguiente, se ha entendido. Para comprenderlo, uno debe salir fuera, radicalmente, de la narrativa histórica, de la historia.
La historia tal y como está escrita es como la justicia. Hay una para los ricos y otra para los pobres. Por eso existe una distinción entre los derechos humanos y la humanidad. Por eso también establecemos una distinción entre caridad y solidaridad.
Los vencedores, aquellos que se han beneficiado de los crímenes contra la humanidad, temen enfrentarse a la historia de esos crímenes. Habiéndolos superado con impunidad, mantienen sus prácticas.
Para ellos, el fin de la esclavitud y el colonialismo deben presentarlo como un gesto caritativo. Los esclavizados y colonizados deben ser presentados como receptores de la abolición y la descolonización, gestos caritativos de esclavistas y colonos.
Para quienes dudan de la validez de esta línea de pensamiento, basta con mirar la impunidad de banqueros y economistas que, casi literalmente, asesinan y continúan como si nada. No sólo eso: al ver que pueden actuar impunemente, su comportamiento es más arrogante que nunca.
Uno de los mejores ejemplos de cuán profundo y vengativo ha sido el imaginario de los llamados vencedores que desean continuar siendo vencedores, lo encontramos observando la historia de Saint Domingue/Haití. La victoria de los africanos por la libertad fue mucho más allá de lo que consiguieron en 1789. Los africanos tuvieron que recibir una lección, del mismo modo que, más de doscientos años después, tuvieron que darle una lección al presidente Jean-Bertrand Aristide.
Podemos encontrar el mismo patrón en las historias de individuos o países que han alcanzado y/o intentado procesos de liberación similares: Nehanda y Kagubi en Rhodesia, Rubem Um Nyobe en Camerún, Kimpa Vita, Kimbangu o Lumumba en la República Democrática del Congo, Cabral en Guinea Bisau, Sankara en Burkina Faso…
El reto no es únicamente para los historiadores. Cada ser humano es, por definición, un historiador, pues la historia de la humanidad está profundamente arraigada en cada miembro de la humanidad. Parte del problema al que nosotros, los historiadores, nos enfrentamos es que la mayoría de nosotros nos han educado para pensar y entender nuestra historia a través del imaginario que surge de la esclavitud y la colonización.
Aunque conocemos las historias de resistencia, no exploramos la historia de África anterior a la esclavitud y el vínculo desigual con Europa. El trabajo de Cheikh Anta Diop, por ejemplo, suele ser ignorado o calificado como mero ejercicio intelectual, pero no encuentra continuación hoy en día.

-En la actualidad eres profesor de Historia Africana en la Universidad de Bahía, Brasil. ¿Crees que podemos hablar de una cooperación intelectual sur-sur como lugar común contra la perspectiva eurocéntrica opresiva y homogénea?

-Nunca pensé que el desafío sería tan complicado aquí en Brasil. El eurocentrismo sólo es parte del problema. Hoy en día, con la globalización, es más fácil comprobar los defectos de la perspectiva eurocéntrica. Leemos sobre los tiranos repartidos por Oriente Próximo, pero difícilmente se dice algo sobre la tiranía que ha creado el espacio para que estos tiranos prosperen. Una historia de la tiranía en África no puede empezar cuando termina el colonialismo.
Llegué a Brasil (en agosto del 2007) gracias a la beca Capes. Desde la aprobación de la ley 10639/2003 que exige que se enseñe historia africana y afrobrasileña en todos los niveles de educación, el contexto intelectual es menos hostil, pero la infraestructura educativa e intelectual todavía depende de la ideología del pasado, es decir, aquella que considera que la historia africana no tiene nada significativo que contarnos.
Asimismo, la ideología de la “Casa grande” todavía es la dominante en Brasil. La idea que la “senzala” ayudaría a todos los brasileños a liberarse del marco opresivo y opresor ni siquiera se considera. Los negros en Brasil están integrados cuando se trata de entretenimiento: música, fútbol, carnaval… Pero continúan marginados en las áreas que tienen un papel decisivo en la sociedad.
Indudablemente, la presidencia de Lula ha marcado un punto y aparte, pero su viaje a Burkina Faso en octubre del 2007 fue un tremendo paso en falso. Si existiera una colaboración seria entre los países del Sur, alguno de sus asesores tendría que haberle informado que ese 19 de octubre era el veinte aniversario del asesinato de Thomas Sankara a manos de un grupo liderado por el actual presidente Blaise Compaoré. La visita de Lula se presentó como una contribución al veinte aniversario de la “revolución”. Sospecho que algunos eran conscientes de esta tergiversación, pero o bien callaron o bien decidieron que no era algo tan importante.
El proceso de reconectar (o “re-membering” como afirma inteligentemente Ayi Kwei Armah en su libro “Re-membering the dis-membered continent”, editado por Per Ankh Publishers, Senegal, 2010 – http://stores.bbkwan.com/Detail.bok?no=20) dos historias que surgen como resultado de una profunda herida todavía abierta es complicado debido a que, como he dicho antes, no hay ningún interés en saber la profundidad de esta herida y, más importante todavía, qué consecuencias comporta.
Los heridos no tienen ni idea de cuán profundo es el trauma y a los herederos de quienes cometieron esta herida, obviamente, no les interesa explorar el tamaño de este crimen contra la humanidad. Además, para los heridos, revisitar el trauma en un contexto que es hostil resulta igual de aterrador que el sentimiento que experimentan las víctimas de violación cuando se les pide que describan lo que les ha ocurrido.

-En tu libro, estableces vínculos necesarios entre ayer, hoy y mañana; Congo, Brasil, Haití y Gaza; Historia y Política; lo individual y lo colectivo; el pensamiento y la acción. ¿Puedes hablarnos sobre el significado de compromiso en tu vida?

-Si nos tomamos en serio la palabra compromiso obtendremos una vida que se aleja de las prácticas y los pensamientos que han llevado a la humanidad hasta este punto, al borde de la aniquilación. Existen costumbres y maneras de pensar que hemos heredado y que forman parte de este proceso aniquilador. Si intentamos vivir en paz, buscando la salud y la dignidad, entonces estos hábitos y maneras de pensar deben ir amainando lentamente, constantemente, consistentemente, persistentemente. Debemos empezar por uno mismo, con humildad. Me resulta imposible juzgar si mis logros para alcanzar este compromiso son positivos o escasos.

– Otra característica de tu escritura es el estilo. En tus ensayos predomina la forma poética, una aproximación inusual cuando leemos sobre esclavitud, globalización e historia africana.

-No sé cómo explicarlo. Nunca me he considerado un poeta, pero a menudo encuentro en la forma que tú defines como poética el modo más sencillo para plasmar una idea, un sentimiento, una conclusión.
En mi escasa comprensión de la poesía creo que esta te llega cuando te liberas de todas las inhibiciones y restricciones que germinan en tu cabeza. Si te comprometes en la política emancipadora, en todos los aspectos de la vida (no la vida dictada por un sistema que busca eliminar todo lo que se encuentra por el camino), entonces, de forma natural, emerge la forma poética.
El mejor ejemplo de esto es cómo surgió el capítulo del libro sobre Gaza/Haití (y que da el subtítulo del libro). Pensaba que algo tenía que decirse, pero no sabía cómo. Me sentía enjaulado, intentado escapar. El resultado final es el fruto de numerosos intentos, y conté con la ayuda de Pauline, mi compañera en la vida.

-También eres fundador y director de la Ota Benga Alliance (http://otabenga.org). ¿Puedes explicar algo más de esta iniciativa?

-No tenía el menor conocimiento de la existencia de alguien llamado Ota Benga hasta el libro que salió sobre él (en 1992, escrito por Phillips Verner Bradford y Harvey Blume: “Ota Benga: The Pygmy in the Zoo”). Junto a unos amigos fundamos una organización sin ánimo de lucro para ayudar a propagar información sobre la República Democrática del Congo. Lo más importante es que también supuso un esfuerzo para compartir un modo de mirar África desde una perspectiva que busca la paz, la sanación y la dignidad, con énfasis en la solidaridad en oposición a la caridad.
Ota Benga fue un pigmeo. Depende de la región reciben diferentes nombres, como batwa (en el este del Congo, Ruanda o Burundi) o san (en Botsuana, Sudáfrica, Namibia…). En otras partes del planeta, se les conoce como los primeros pueblos, nativos americanos, indígenas. En muchos lugares del mundo existen personas que son discriminadas y maltratadas de la misma manera que Ota Benga y sus compañeros, que fueron llevados a la Exposición Universal en 1904 (en St. Louis, Estados Unidos) con el objetivo de ilustrar la superioridad del hombre blanco. La ocasión era el centenario de la compra de Louisina por los Estados Unidos a Napoleón, que necesitaba recuperarse de la pérdida de Saint Domingue/Haití.
Ota Benga se suicidó, algo habitual actualmente para muchos que ven cómo se les usurpa la base material de su modo de vida. De repente, se ven incapaces de continuar. Este patrón se repite en todo el mundo. Es un modelo de un sistema que, literalmente, se alimenta de la humanidad debido a su naturaleza depredadora.
Por ejemplo, Mohamed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló, era un “Ota Benga”. Su puesto ambulante había sido confiscado con todo lo que había dentro porque, supuestamente, no había pagado un impuesto. Se sintió igual a Ota Benga cuando este último entendió que nunca regresaría al Congo y que prefería morir antes que sufrir esta agonía.
En Ota Benga Alliance hacemos todo lo que está en nuestras manos para acabar con la muerte de parte de la humanidad que, cada vez más, se ve conducida a la autoinmolación y al suicidio como único modo de subsanar la miseria. Desde sus inicios, el capitalismo es tan depredador que esta característica se ha convertido en invisible para quienes, generación tras generación, hacen que el sistema funcione.

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Más información del libro de Jacques Depelchin “Por una recuperación de la historia africana. De África a Haití a Gaza” (oozebap. Barcelona, 2011) en oozebap (http://www.oozebap.org/arroz)

*El congoleño Jacques Depelchin ha impartido clases de Historia Africana en universidades de Estados Unidos, la República Democrática del Congo, Mozambique, Tanzania y Brasil, donde actualmente trabaja. Es el fundador y director de la Alianza Internacional Ota Benga para la Paz en la República Democrática del Congo. Además de numerosos artículos y trabajos de investigación, ha publicado los libros From the Congo Free State to Zaire: 1885-1974, 1999. Towards a Demystification of Economic and Political History (Codesria, Senegal, 1992) y Silences in African History. Between the syndromes of discovery and abolition (Mkuki Na Nyota Publishers, Tanzania, 2000).


Didac P. Lagarriga – Es miembro fundador de la asociación y editorial oozebap y miembro del equipo de redacción de Africaneando.

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